Decía el arquitecto brasileño Óscar Niemeyer que “la libertad y el dibujo son fundamentales en la vida de un hombre”. Llevaba razón, no sólo es fundamental el dibujo —como el lenguaje—, a la vida del hombre; a los arquitectos además nos da la palabra. Otro gran arquitecto del siglo XX Sáenz de Oíza, español, decía que si la música de Beethoven tocada por cualquier orquesta se consideraba “su música”, entonces también la partitura era la misma música pues permitía a cualquiera interpretarla y convertirla en sus notas. De la misma manera afirmaba Oíza que, así, un dibujo de arquitectura era ella misma, pues, en manos de un técnico o un obrero iniciado —si la partitura o dibujo era de verdad— se podría convertir en cualquier momento en un edificio.

Antes, los maestros de la arquitectura del siglo XX (Corbu, Sert, Kahn…) quisieron ser pintores. Los más grandes arquitectos del siglo pasado descubrieron el espacio nuevo de la arquitectura en las vanguardias pictóricas. Quienes a principios del veinte están construyendo el nuevo espacio moderno son los constructivistas rusos, los holandeses del grupo De Stijl , la Bauhaus y, por encima de todos, Picasso.

El dibujo de arquitectura es la herramienta fundamental con que contamos los arquitectos para expresarnos. Con el dibujo, los arquitectos pensamos. Una línea en un dibujo de arquitectura puede significar un plano, un cambio de plano o una confluencia de los anteriores. Nulla dies sine linea decía Plinio el Viejo. Las líneas en un plano son parte del lenguaje con que tratamos de aprehender el espacio, transformarlo y devolverlo entonces a la sociedad en forma de ciudades o casas. Ningún día sin trazar una línea, diríamos nosotros. De la misma manera que las Academias de la Lengua cuidan el lenguaje, lo fomentan y revisan, lo hacen avanzar y nos conciencian de su buen uso, así los arquitectos debemos hacer con el dibujo desde las escuelas de arquitectura y a través de nuestro propio ejercicio profesional. El dibujo de arquitectura, al contrario que en el arte, no es una representación de la arquitectura es la arquitectura misma. Si no sabemos hablar es difícil que lleguemos a pensar, si no sabemos dibujar es difícil que nos convirtamos en arquitectos.

Los árboles no nos dejan ver el bosque, la técnica oculta sus procesos y no nos deja entender el mundo que diría Ortega y Gasset, perdemos la conexión y nuestras manos ya no responden a nuestra mente. Así, es imposible dibujar; así, nunca podremos pensar.

Mtro. Jesús Rubio
Profesor de tiempo completo
Departamento de arquitectura. EDAH