Por Cristina Goletti M.F.A.
Profesor de Tiempo Completo de la Licenciatura en Danza,
Universidad de Las Américas Puebla

“Baila, baila, de otra forma estamos perdidos” Pina Bausch

He vivido con y para la danza desde hace algún tiempo. De hecho, no recuerdo haber pasado un momento de mi vida sin ella. He sido estudiante, ejecutante, coreógrafa, profesora, directora, investigadora…y dentro de todas esas etapas, todas las distintas ciudades en las que he vivido, las personas que he conocido, los idiomas que he hablado, la danza ha sido lo único constante. Siempre ha estado ahí. Esto no quiere decir que ha sido fácil o agradable del todo; muchas veces quise renunciar pero, de alguna manera, siempre encontraba el camino de vuelta a lo que, a final de cuentas, es el amor de mi vida.

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Del repertorio de Éstas no son enchiladas 2014

La danza es una práctica, una forma de estar y entender al mundo; lo que sucede a nuestro alrededor, dentro de nosotros y entre nosotros. También es una forma de comprender la conexión entre la mente y el cuerpo; cómo nuestros pensamientos están conectados con el movimiento y cómo éste, inevitablemente, es el resultado de un proceso mental.

Desde mi punto de vista, todos deberíamos bailar: ya sea en una sala, en una clase de salsa, en un antro, un evento social o profesionalmente. Sin importar el nivel, el tiempo, la habilidad, el acceso a las clases o a los maestros, todos deberíamos bailar, y frecuentemente para sentirnos vivos; conectados a una energía universal más grande y brillante que uno mismo, y también para permitirle a nuestro cuerpo experimentar el movimiento. No estamos diseñados para sentarnos en frente de una computadora ocho horas al día. Estamos hechos para caminar, correr, saltar, estirarnos, rodar, caer, respirar…bailar. Es de los placeres más naturales; sentir el cuerpo moviéndose a través del espacio al ritmo de tu canción favorita o el ritmo de tu pulso.

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Del repertorio de Éstas no son enchiladas 2014

Por supuesto que algunos de nosotros nos comprometemos con la danza y soñamos con intercambiar la sala por un escenario. Ahí es cuando la educación se vuelve una parte importante para el desarrollo de las herramientas necesarias en una carrera como danza. Como profesora, busco brindar a los estudiantes las habilidades prácticas que son requeridas para bailar profesionalmente. Pero lo más importante para mí es enseñarles cómo permitirse ser ellos mismos en el escenario sin esconderse detrás de una técnica perfeccionada. Ésta no es una máscara, sino una forma de accesar a un estado de conexión con el mundo interno.

Para concluir, me gustaría que todos ustedes experimentaran la danza, tanto haciéndola (aunque no sea de una forma profesional) como viéndola. Ver danza puede llegar a ser una experiencia muy espiritual. El tener de frente una gama de emociones de seres humanos en el escenario a través de su corporalidad sigue siendo una de las cosas más emocionantes que puedes hacer, incluso en una era altamente tecnológica. Una gran oportunidad de ver algo de esto, es asistiendo a DANZA UDLAP del 2 al 4 de abril a las 19:00hrs en el Auditorio. Pienso que ver a un grupo de jóvenes bailarines altamente talentosos y apasionados, con su vulnerabilidad, sus pasiones, sus dudas, sus alegrías y dolores será un hermoso regalo.