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Por: Mtro. Ernesto Díaz Montagner, ernestoa.diaz@udlap.mx

Profesor de Laboratorio del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental

En el ámbito empresarial, una persona innovadora es toda aquella que genera futuro para una empresa o para la sociedad, y a este proceso de generación se le conoce como innovación. Una empresa sin innovación, es una que se resiste al cambio, y traducido al momento globalizado que vivimos, podremos decir que dicha empresa tiene sus días contados.

Para poder generar innovación, las empresas deberán considerar cada una de las siguientes entidades: clientes, proveedores, accionistas o dueños, personal que labora en ellas e inclusive la propia competencia. Aunque la realidad derivada de la costumbre y apego social, muestra que esta idea choca de frente con las estrategias de la mayor parte de las empresas mexicanas, las cuales planean la generación de su futuro alineándose únicamente a las ideas o imposiciones del dueño, de alguno de sus directivos e inclusive de algún jefe.

Innovar implica cambiar, y para cambiar se debe aceptar la crítica, lo que muy pocas empresas en México han desarrollado: este grado de madurez organizacional. Y como resultado, en la mayoría de ellas la mente innovadora suele ser censurada o reprimida, en muchas otras se permite, pero sólo si se alinea a la conveniencia del dueño o de sus directivos. Como contraste, en los países desarrollados, una mente innovadora está libre de ataduras, es crítica y tiene un total desapego de las costumbres organizacionales.

La cultura por la innovación en estos países desarrollados es tan fuerte que muchas empresas llegan a considerarla un principio; para otras es un valor por lo que suelen incentivar a su personal para generarla, además de medir continuamente los niveles de insatisfacción de sus clientes, proveedores, personal y, por supuesto, de sus dueños.

 Las personas que laboran en las empresas, que se resisten a innovar tarde o temprano dejan de ser lo que son para convertirse en lo que éstas creen que deberían ser, o en lo que dichas organizaciones necesitan que sean. Cuando esto sucede, dichas empresas adoptan la terminología contable para referirse a ellos: “los recursos humanos con los que cuento son…”, “nuestro capital humano se conforma por…”, “los pasivos laborables de la empresa aumentaron a… “, “el valor esperado de nuestros activos intangibles seria de…”, amputándoles su calidad de personas y dejándolas en calidad de individuos.

Poco a poco, las empresas se van dando cuenta de que necesitan a personas, no a individuos, ya que éstas son las que generan los cambios, y con esto una tendencia a humanizar la civilización. En la medida que las empresas otorguen a su personal la capacidad de ejercer influencia para construir el futuro, ellos dejarán de ser individuos para convertirse en personas, y así dichas organizaciones estarán listas para poner en marcha la generación del futuro, con una visión integral.