En el contexto del ciclo de Viernes de Cinexpectativas, Cuerpo arquitectónico, presentamos la reseña sobre Medianeras que hace Christian Moreno Pinera, estudiante de Filosofía y prestador de Servicio Social de Capilla del Arte UDLAP. Cabe destacar que ésta será la primera vez que la cinta del argentino Gustavo Taretto se proyecte públicamente en Puebla.

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La mencionada cinta será proyectada este viernes 28 de marzo de 2014, a las 6:30 p.m., en el cuarto de video Capilla del Arte UDLAP -2 Norte 6, Centro Histórico de Puebla-. La entrada es libre.

Presentada y comentada por el Mtro. Guillermo Nieto Ross, profesor de Arquitectura de la UDLAP y fundador del estudio NR + G

Medianeras (2011)
DIRECCIÓN Y GUIÓN
Gustavo Taretto
FOTOGRAFÍA
Leandro Martínez
MÚSICA
Gabriel Chwojnik
PRODUCCIÓN
Eddie Saeta S.A.
Pandora Filmproduktion
Rizoma Films
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Buenos Aires, la París de América, vista por Gustavo Taretto.
(Fotograma de la película).

Medianero, ra. (De mediano y -ero).
1. adj. Dicho de una cosa: Que está en medio de otras dos.
2. adj. Dicho de una persona: Que media e intercede para que otra consiga algo o para un arreglo o trato. U. m. c. s.
3. adj. ant. Dicho de una persona: De medianas conveniencias.
DRAE, 22ª Edición.

Mariana y Martín viven en la misma zona, uno frente al otro; el paradójico hecho de compartir una pared divisoria, al tiempo los separa y representa la única posibilidad de reunirlos. Ellos no se conocen y, sin embargo, sus vidas son entrelazadas por un impersonal tercer agente, la ciudad. Medianeras es un film que alcanza una robusta síntesis entre dos elementos tradicionalmente dispares: la comedia y la arquitectura. Siendo en momentos un homenaje declarado a Manhattan de Woody Allen, ésta cinta dirigida por Gustavo Taretto, ciertamente, recupera la neurosis, fobias y padecimientos presentes en los personajes del neoyorkino, en una trama que intenta –y no yerra- ser más real y crítica; teniendo por pista la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

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Mariana y Martín: Buenos Aires que los une y separa.
(Fotograma de la película).

A la par, la cinta nos muestra emblemas arquitectónicos tales como el Planetario Galileo o el edificio Kavanagh –que en 2013 resultó por una encuesta de El Clarín, el edificio más lindo de Buenos Aires-. De la misma forma que hace una revisión de “esos” espacios de interacción que comúnmente escapan a nuestra percepción, “esas caras que no vemos o que fácilmente se olvidan”, lugares inservibles, anómalos o irregulares que resultan de los sobre-poblados monoambientes; zonas de indeterminación atributiva como las grandes vidrieras de las tiendas departamentales, en suma los residuos inconscientes de una ciudad que tiende más y más a la productividad e individuación.

Más allá de las extrañas situaciones que llevan a fin los personajes, un tema salta a la vista –con la innegable deliberación de Taretto-: la función activa de los espacios, es decir, comúnmente se piensa en una neutralidad esencial respecto de toda construcción arquitectónica, se distingue en algunos casos la funcionalidad de los mismos, otras veces se apela a cierto carácter ornamental o histórico. Sin embargo, para emitir este tipo de juicios se les ha tenido que hacer pasar por “objetos especiales” desligados del habitar cotidiano, neutros respecto de la trama social en la que pueden estar insertos. Pero si queremos evidenciar en alguna medida la relación que existe entre la arquitectura y el cuerpo, requerimos “dejar de lado” este prejuicio de neutralidad. Más que representar, la arquitectura se instala en la realidad como otro agente social que en ocasiones genera un estado de encuentro o de desencuentro, reuniendo o separando personas, aislándolas o liberándolas, iniciando o terminado historias, operando siempre según una función de doble articulación, una suerte de mecanismo paradójico que reúne y separa al mismo tiempo, como una rodilla que se dobla en ambos sentidos.

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“¿Cómo voy a encontrar a mi Wally si ni siquiera sé cómo va vestido?”
(Fotograma de la película)