Dra. Laura Helena Porras Hernández

Profesora del Departamento de Ciencias de la Educación.

 

Durante esta segunda semana de marzo se celebra en París, sede de la UNESCO, la Semana del Aprendizaje Móvil 2016. La temática que ahí se discute refiere principalmente a la educación formal y para el trabajo; sin embargo, es importante reconocer que una parte importante del aprendizaje sucede fuera de la escuela. Como complemento a la discusión internacional, en esta aportación les invito a reflexionar sobre el papel que estas tecnologías tienen en aquel aprendizaje no planeado que sucede en las interacciones sociales cotidianas a las que estamos expuestos gran parte de nuestro tiempo, y que recientemente ha sido tema de investigación de algunos profesores y estudiantes de la Licenciatura en Innovaciones Educativas de la UDLAP.

Las tecnologías móviles han incrementado su capacidad para incorporar aplicaciones de internet que facilitan la comunicación tanto en tiempo real (síncrona) como diferido (asíncrona), la facilidad de estar conectados todo el tiempo ha permitido que muchos usuarios opten por un uso de las redes sociales que demanda la respuesta inmediata. Aunque esta inmediatez puede ser muy útil en ciertas circunstancias, también puede no ser deseable en otras. De acuerdo con los estudios recientes en el campo de la educación y la psicología educativa, tomarse el tiempo suficiente antes de dar una respuesta permite que sucedan ciertos procesos a nivel cerebral fundamentales para el procesamiento de la información, el análisis, la puesta en cuestión y la reflexión que lleva a analizar la intencionalidad e implicaciones de la misma. Una respuesta pensada tiende a ser cuidadosa y profunda; una respuesta inmediata, por el contrario, se ofrece desde la automatización, o bien desde la reacción emocional que se genera sin pasar por la toma de conciencia. Al sentirse obligadas a dar una respuesta inmediata, las personas suelen reducir su interacción a íconos que representan emociones tales como risa, vergüenza, o a expresiones como “jajaja” sin mayor discusión o puesta en cuestión. Estas interacciones son solo uno de muchos tipos posibles, pero habría que preguntarse cuántas de estas tenemos en un día, en comparación con otras. Cabría entonces hacer un alto y preguntarse honestamente ¿qué uso estoy haciendo de las redes sociales?, ¿qué tan diversas son mis interacciones en ellas?, ¿qué nivel de interacción estoy teniendo predominantemente? y ¿querría modificar mis interacciones en algo?  Un punto interesante sobre estos fenómenos es que no dependen de la tecnología en sí, sino del uso que hacemos de ella, de las expectativas que generamos y de  las reglas de interacción que creamos; por lo tanto, está en nosotros hacer modificaciones que enriquezcan el aprendizaje no planeado en nuestras interacciones sociales en esos espacios.