Ulrike Sperr
Profesora de tiempo completo del Departamento de Lenguas
ulrike.sperr@udlap.mx

El acto de traducir significa transmitir un mensaje codificado en una lengua de origen a una lengua meta, puede ser de manera literal, palabra por palabra, o de una forma libre, usando palabras y estructuras diferentes, pero conservando la idea y el mensaje del texto original. Desde hace más de medio siglo se ha intentado hacer traducciones a máquina, pero sólo en los últimos años han mejorado notablemente los traductores automáticos: aún se necesitan humanos para llevar a cabo esta labor.

¿Es fácil traducir? ¿Cualquier persona que domina otro idioma puede hacerlo? Comúnmente es lo que piensa la gente. De ahí viene el hábito de algunas empresas de pedir traducciones a un empleado que tiene competencia en algún idioma, aunque ésta sea muy básica y las traducciones mal hechas que abundan (por ejemplo, en Internet). No obstante, existen programas de licenciaturas, maestrías e incluso doctorados de traducción en varias partes del mundo, lo cual comprueba que para esta labor es recomendable aprender cómo ejercerla. Gracias a los esfuerzos de las organizaciones profesionales y la teoría de la traducción, los traductores e intérpretes son cada vez más reconocidos, aunque aún carecen del pago y trato justos.

¿Por qué es una labor difícil la traducción? A veces son necesarias ciertas adaptaciones a la cultura del público meta, ya que existen muchas expresiones en una cultura que presentan huecos semánticos en la otra, es decir, que no están presentes, por lo que el traductor tiene que decidir cómo traducirlas. Para esto existe la traductología, la cual sugiere usar ciertas estrategias y hacerse consciente sobre el proceso de la traducción, del porqué usar una palabra y no otra en la lengua meta, de por qué omitir o añadir palabras o incluso oraciones, etcétera. Por ejemplo, las palabras tortilla y tequila casi siempre se usan en otros idiomas como préstamos, sin traducirlas. ¿Pero cómo se procede con las expresiones idiomáticas? Medir algo «a ojo de buen cubero» o «no tener pelos en la lengua» no se pueden traducir de manera literal, más bien se tiene que buscar una expresión idiomática equivalente en la otra lengua y, si no hay, su significado se debe parafrasear, es decir, explicar, aunque se pierda lo característico de la cultura origen. Una expresión equivalente en inglés para «a ojo de buen cubero», sería a rule of thumb y una paráfrasis based on rough estimates. Para «no tener pelos en la lengua» no existe una expresión idiomática equivalente en inglés por lo que se parafrasearía con to mince ones words.

Hay un sinfín de ejemplos de por qué no es fácil traducir. Esta tarea no sólo implica tener una alta competencia lingüística en las dos lenguas, sino también una competencia cultural que sólo se adquiere estando en contacto frecuente con hablantes nativos y visitando los países respectivos.