El Problema Cerebro-Mente

I. Exposición de motivos:

Se necesita una buena razón para escribir acerca del problema cerebro-mente. Si no es así, resulta un ejercicio riesgoso dado que muchos grandes pensadores lo han intentado antes sin éxito y, quizás unos pocos, atinadamente. Aún estos últimos no han resuelto el problema a pesar de sus sabias disquisiciones. En el mejor de los casos, convencen a algunos de la validez de sus argumentos pero seguramente no a otros. ¿Quién querría entonces escribir acerca de “algo” que le va a atraer juicios tales como “mentecato”, “fanático”, “hereje”, “idealista”, “materialista”, etcétera?

II: Respuestas personales al afán de filosofar (sin ser filósofo) acerca del problema mente-cerebro:

La respuesta a la pregunta del “quién” la respondo con un “yo quiero, y siempre he querido hacerlo”. No lo había hecho antes porque no había tenido la oportunidad. No es porque quiera que me critiquen o me apliquen epítetos aunque se, de antemano, que la naturaleza del problema me rebasa. Es porque el problema me ha fascinado desde la infancia.

La segunda pregunta relacionada con la empresa de abordar este espinoso problema es ¿para qué querría uno hacerlo? La respondo a dos niveles. Primero, porque espero responder, al menos en parte, a inquietudes personales. Segundo, porque quisiera expresar públicamente mis puntos de vista al respecto con la ilusión de estimular una discusión y, con suerte, hasta, influir positivamente en otros. La idea central de la expresión pública de estas ideas se refiere a la importancia de hacer estas consideraciones filosóficas, no tanto por sí mismas, sino porque podrían ayudar a entender problemas de la vida diaria.

Dr. Óscar Diez-Martínez
Departamento de Psicología