Por: Dr. Pedro Wesche Ebeling, pedroa.wesche@udlap.mx

Profesor de tiempo completo de Ciencias de la Salud

Sucede aquí, sucede en muchas partes. Funcionarios públicos, empresarios y la sociedad civil reconocen la existencia de prioridades ambientales: “El río Atoyac es un patrimonio de todos nosotros y haremos de su rescate nuestra prioridad”. Este eslogan se lo hemos escuchado a candidatos, gobernadores y presidentes municipales en los últimos 25 años. Para lo único que ha servido el problema es para ganar elecciones, para construir obras inservibles o para financiar proyectos de investigación. Lo último que le conviene a esta cadenita es resolver este o cualquier otro problema ambiental. Si se resuelven, ¿de dónde va a salir el financiamiento?

A nivel global, el esfuerzo conjunto hacia la protección ambiental y la sustentabilidad se ha estancado, principalmente por intereses económicos y políticos que fomentan una discusión interminable sobre la relevancia y realidad del cambio climático, en lugar de tomar acciones. Aunado a todo esto tenemos otras realidades más cercanas a muchos, como las crisis económicas y la marginación.

Con el fin de salir de este letargo, un grupo de 28 renombrados investigadores del ambiental global se reunió en el Stockholm Resilience Center (SRC); concluyendo que se pueden reducir a nueve los parámetros ambientales que más están sufriendo el impacto de las actividades humanas, llamados también “límites terrestres” [http://www.stockholmresilience.org/planetary-boundaries].

El razonamiento detrás de esta metodología es el siguiente. La Tierra ha demostrado tener resistencia (‘resilience’), puesto que las actividades humanas pueden continuar por cierto tiempo en un lugar sin que se noten efectos ambientales significativos (tala moderada, extracción de agua, agricultura, etc.), pero llegará el momento en el que se rebase algún umbral ambiental dando como resultado un deterioro irreversible. Establecer límites terrestres implica que para cada parámetro ambiental se conozca el valor que no debe rebasarse para evitar cruzar el umbral.

A nivel global, de los nueve límites terrestres, ya se ha rebasado el umbral de tres: (1)pérdida de biodiversidad; (2)cambio climático, y (3)niveles de nitrógeno y fósforo en océanos (provenientes de fertilizantes sintéticos). Cuatro límites están bajo amenaza: (4)acidificación oceánica por los niveles elevados de dióxido de carbono atmosférico; (5)uso global de agua dulce; (6) cambio de uso del suelo asociado a pérdida de hábitats silvestres, y (7)pérdida de la capa de ozono. De los otros dos límites aún no se cuenta con suficiente información para conocer sus umbrales: (8)aumento en la carga de aerosoles (contaminación aire), y (9)contaminación química.

Estos límites terrestres son ahora claros indicadores de la efectividad de nuestras acciones en favor de un mundo sustentable. No pueden ser distorsionados por intereses económicos ni políticos.