Por: Dr. Marco Antonio Manuel Casas y Arellano

Asesor de la Oficina de Rectoría de la UDLAP

marco.casas@udlap.mx

foto_18_webRecientemente se ha utilizado el término de “violencia obstétrica”, para señalar eventos, en los cuales, las mujeres embarazadas sufren una serie de situaciones al momento que entran en trabajo de parto. El término “violencia” implica agresión, maltrato, injurias, acciones que, en el caso de la relación médico-paciente, son difíciles de establecer, más durante el momento en que se asiste al inicio de una nueva vida; es por ello que queremos hacer algunas consideraciones, no sólo desde el punto de vista obstétrico sino de la relación médico-paciente en general.

El trabajo de parto y el alumbramiento son parte de la historia de la humanidad y, en consecuencia, las técnicas para su atención han ido evolucionando, siempre en pro de cuidar la salud de la madre y del producto. Actualmente, existen más y mejores médicos, contándose con una estructura hospitalaria y los insumos necesarios para la atención adecuada, lo que implica un buen trabajo del equipo médico y los menores riesgos para la paciente.

Una de las escenas más impactantes en un reportaje, sobre la región Tarahumara, reflejaba la pobreza en la que se desenvuelve esta zona y mostraba cómo una mujer en trabajo de parto era atada a un árbol para que tuviera a su hijo sobre unas ramas y hierbas. En la actualidad, el sector de salud ha procurado hacer llegar la cultura médica a la mayor parte de la población, pero aún persisten zonas que no cuentan con la mínima asistencia sanitaria debido al difícil acceso y la extrema pobreza en la que subsisten. Sin embargo, hay médicos que ejerciendo su vocación escogen esos lugares para realizar su servicio social, con una serie de limitaciones que hacen más loable su trabajo, pero al mismo tiempo, en ciudades donde se cuenta con toda una estructura de salud, se dan casos en los que la mujer da a luz en el vehículo que la transporta, en el jardín de una clínica, en una camilla, o peor aún, en los sanitarios, todo ello debido a problemas burocráticos o de cualquier otra índole, sin recibir la atención adecuada y en detrimento de sus derechos.

¿Dónde está la falla? Será el pensamiento burocrático del servidor público unido a la desidia y, en ciertos casos, negligencia o bien la falta de interés de las autoridades administrativas, las cuales teniendo unidades hospitalarias no procuran que cuenten con los instrumentos ni el material adecuado para la correcta labor del médico, ni tampoco contratan personal sanitario en número suficiente para cubrir las necesidades de salud de la población, recurriendo a citas prolongadas, y así por factores del azar se resuelva el problema; será la falta de una correcta relación médico-paciente, con defectos tanto de uno como de otro lado del binomio, al verse el médico en numerosas ocasiones abrumado por la cantidad de trabajo que se le asigna, siendo humanamente imposible atender al paciente con el cuidado y dedicación que se merece y éste a su vez tampoco coopera con el médico al no asistir a sus citas, ni seguir la terapia designada, existiendo además una falta de confianza por la pobre o nula comunicación que hay entre los dos, debido a que no siempre es el mismo médico, dificultades para acceder a la consulta (colas interminables desde tempranas horas de la mañana, lejanía de los centros médicos, desabasto de medicamentos), prefiriendo consultar al farmacéutico o, peor aún, al amigo.

Si se habla de prevenir la “violencia obstétrica”, para ello se tendrá que trabajar tanto con los médicos como con los pacientes, promoviendo, en primera instancia, establecer la confianza y comunicación que debe de existir entre ambos, naciendo ésta del trato y del interés que pongan en su relación: el médico escuchando y el paciente siguiendo el tratamiento establecido. En el caso de la mujer embarazada cumpliendo con sus citas, atendiendo a las indicaciones y teniendo en mente la fecha de su parto para así tomar las previsiones necesarias, logrando de esta manera que su atención sea la correcta y con las condiciones óptimas: una clínica con las condiciones higiénicas y de accesibilidad adecuadas, el instrumental necesario y el equipo médico completo, anestesiólogo, enfermera, el obstetra, o en su defecto, el médico general o el pasante entrenados para atender el parto y de ser necesario saber cuándo enviar a la paciente a otro nivel de atención, muy especialmente tratándose de los pasantes en servicio social, quienes aún se encuentran en periodo de formación.

La “violencia” en la relación médico-paciente, en la acepción que se le está dando, se eliminará fácilmente con una premisa sencilla: eliminando la desidia y las trabas, mejorando la comunicación, pensando que el médico atiende enfermos no enfermedades, en una sola frase: humanizando la medicina, no sólo de palabra.