Llegamos al final de un ciclo y de un año más de Viernes de Cinexpectativas. En este mes y parte de noviembre disfrutamos del homenaje al director español Luis Buñuel y hoy viernes 19 de diciembre culminamos la experiencia con su película de la etapa mexicana más surrealista: El ángel exterminador, protagonizada por Silvia Pinal, Jacqueline Andere, Enrique Rambal y Claudio Brook.

A propósito de esta película, les compartimos la reseña que escribió Christian Moreno Pineda, estudiante de Filosofía y prestador de Servicio Social; aprovechamos además para agradecerle su colaboración en este programa de Capilla del Arte durante 2014, tanto a través de estos textos y de su moderación al término de cada cinta.

Y recuerden, Capilla del Arte UDLAP se ubica en la 2 Norte 6, en el Centro de Puebla. Todas sus actividades son de entrada libre.

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El ángel exterminador (1962)

DIRECCIÓN: Luis Buñuel

GUIÓN:  Luis Buñuel, Luis Alcoriza

FOTOGRAFÍA: Gabriel Figueroa

MÚSICA: Raúl Lavista

PRODUCCIÓN: Gustavo Alatriste

 

 

El ángel exterminador es una cinta que después de cinco décadas sigue llamando al debate. Especialistas y cinéfilos dividen sus opiniones acerca del “Buñuel” que opera detrás de esta enigmática obra. Para algunos se trata del regreso del Buñuel de La edad de oro (1930), el Buñuel surrealista; otros afirman encontrar al Buñuel más crudo y directo en su crítica a la sociedad, el Buñuel político. Lo cierto es que la libertad creativa que Gustavo Alatriste otorga al director español tras el éxito de Viridiana (1961) posibilita que las dos posturas se fundamenten por lo menos parcialmente; en El ángel exterminador vemos al Buñuel más completo, en lo que a este periodo de su filmografía se refiere.

Tras la realización de Los olvidados (1955) Buñuel vuelca su interés en las miserias nacidas en el seno de la alta burguesía cada vez que puede; falsa moral y falsa religiosidad aparecen allí donde sus historias presentan de alguna forma el mundo de esta clase social. Hablando sobre un especial naturalismo en Buñuel, Gilles Deleuze menciona que el gran acierto del director español consiste en haber hecho del mundo burgués un mundo originario: “En él los personajes son como animales: el hombre de salón, un pájaro de presa; el amante, un macho cabrío; el pobre, una hiena. No es que tengan esa forma o ese comportamiento, sino que sus actos son previos a toda diferenciación entre el hombre y el animal. Son animales humanos.”[1] Así, en El ángel exterminador, el de Calanda realiza un experimento a costa de un grupo de burgueses incapaces de interactuar de manera directa, siempre evadiendo sus más profundos y sinceros deseos a través de la máscara de las justas formas. “…Los autores naturalistas merecen el nombre nietzscheano de «médicos de la civilización»”[2]. Y efectivamente el salón de El ángel exterminador sirve de escenario perfecto para una evaluación certera de la civilización: “Con su doble repartición social «pobres-ricos», «gente de bien-gente de mal»”[3].

Por otro lado, el mundo originario creado por Buñuel en esta cinta encarna una situación inicial que perpetúa una y otra vez cierta condena, que –extrañamente- al final resulta la única resolución posible: “el tiempo naturalista parece señalado por una maldición consustancial […] no es separable de una entropía, de una degradación […]. En Buñuel, el fenómeno de la degradación no presenta menos autonomía, y quizás incluso más, pues se trata de una degradación que se extiende explícitamente a la especie humana. […] no tanto como entropía acelerada que como repetición precipitante, eterno retorno”[1]. Es bien sabido que Buñuel usa la repetición tanto formal como temáticamente; la oportunidad de montar su propia obra le facilita el empleo sistemático de aproximadamente veintisiete secuencias en El ángel…, razón por la cual el film posee un estilo en ocasiones abigarrado y, a su vez, permite preguntarnos ¿qué es lo que mantiene a estas personas dentro de la habitación?

“El hombre de bien, el santo varón, no están menos aprisionados en el ciclo que la bruta y el malvado. Pero la repetición, ¿no es capaz de salir de su propio círculo y de «saltar» más allá del bien y del mal? La repetición es lo que nos pierde y nos degrada, pero también lo que puede salvarnos y hacernos salir de la otra repetición.”[2] Una atmosfera de desesperación se genera mientas la estadía en la casa de los Nóbile se prolonga y efectivamente los personajes experimentan una degradación con el paso de los días, llegando a perder todo rasgo de civilidad y, en su lugar, una gigantesca pulsión de muerte de hace latente entre ellos.

Visto de esta forma, tanto el Buñuel surrealista como el político se hacen presentes en El ángel exterminador y de forma tal que resulta difícil interpretar su final. Si la buena repetición en cierto punto los ha salvado, si la repetición es la forma de salir de esa degradación, ¿por qué al final vuelve a aprisionarlos? Sin duda una de esas obras que fuerza al espectador a volver más de una vez sobre ella.


[1] Op. Cit

[2] Op.cit


[1] Deleuze, Gilles. La imagen-movimiento: estudios sobre cine 1. Barcelona: Paidós; 1984.

[2] Op. Cit

[3] Op. Cit