Por: Dr. Guillermo Romero Meléndez, guillermoa.romero@udlap.mx

Profesor de Departamento de Actuaría, Física y Matemáticas

 

Dr. Guillermo Romero MeléndezVivimos en una era excepcional en cuanto a la rapidez con la que adaptamos los cambios tecnológicos a nuestra realidad, pero también excepcional por la fusión de los conocimientos provenientes de áreas distintas que nos brindan la oportunidad de ser testigos de grandes cambios y de coexistir con las personas que los crearon, provocaron o impulsaron.

Sabemos de épocas parecidas a la nuestra: la de Pitágoras, Grecia, donde se inició la explosión de conocimiento al llevar a Europa el saber del oriente e iniciar un movimiento en el que surgieron todas las áreas del conocimiento, como por ejemplo, la filosofía. Otra era similar fue la de Leonardo da Vinci, Italia, quien cultivó todas las áreas, revolucionó la pintura, se adelantó a varios diseños modernos de la ingeniería y tomó el cuerpo humano como su objeto de investigación cuando estaba prohibido. La siguiente época que se asemeja a la nuestra es la de Isaac Newton, quien logró descifrar el universo cambiando la física y las matemáticas, renunciando a encontrar la clave en las sagradas escrituras, y buscarla mejor en el universo mismo. La última época parecida a la nuestra es la de Albert Einstein, quien, con sus teorías, desafió la percepción humana del espacio y del tiempo. Se dice que redujo a doce el número de personas en el mundo que podrían entenderle cuando hablaba de relatividad, la física de la escala de las estrellas y la velocidad de la luz; y a cero personas cuando trataba sobre la física cuántica, la física de la probabilidad y la escala de las partículas atómicas, misma que a él tampoco le agradaba (<<Dios no juega a los dados con el universo>>, se cuenta que afirmó).

¿Quién personifica nuestra era? Yo creo que Steve Jobs. Dado en adopción por su padre sirio y su madre estadounidense: se sabía “especial” desde pequeño. De adolescente, estuvo inmerso en el ambiente de la revolución electrónica, en California; intuyendo, desde entonces, la potencial importancia que podrían tener las computadoras en el futuro. Jobs era vegetariano, perfeccionista. Era una persona obsesionada por el diseño; sus productos tendrían que ser estéticos, con los colores idóneos, dimensiones casi imposibles de alcanzar, así como una integración de sus partes nunca antes lograda. Todo esto lo hacía unificando campos, tarea que él llamaba “el cruce entre las humanidades y la ciencia”o, lo que es lo mismo: el cruce entre las artes y la tecnología.

Jobs cambió nuestra realidad y convenció a su equipo de colaboradores de ser capaz de lograr lo imposible (se hablaba del “campo de distorsión de la realidad de Jobs”). Con su carisma y su “pensamiento mágico” se convencía a sí mismo y a los demás de que todo era posible si se lo proponía. En sus campañas publicitarias puso como ejemplo a los locos que se atreven a pensar diferente para cambiar al mundo, y las imágenes incluían a Einstein, Picasso, Neruda, Hitchcock y Jim Henson. Así, cambió nuestra manera de escuchar música y de comprarla; nuestro acceso a la información, ahora mediante la lectura de un “block electrónico computarizado”, el cual se puede leer en cualquier posición, como se hace con un libro; nuestra conversación telefónica: con un instrumento que amenaza con integrarlo todo; y hasta la manera de ver y hacer películas animadas.

¿Qué sigue? Así como Newton afirmó que: “vio más lejos por haber subido a los hombros de gigantes”, los personajes que he mencionado aquí no han estado solos, ellos han colaborado hombro con hombro con otros “gigantes”.

En fin, que mientras usted lee estas líneas, un amigo de Jobs está construyendo universos computacionales que modelan nuestro universo real, pudiendo ser el autor del siguiente cambio de nuestra realidad.