Dr Brian Banks

Por: Dr. Brian Banks, br.banks@udlap.mx

Profesor de tiempo completo de la Licenciatura en Música

 

Muchos han pronosticado el fin del arte y esto implica también el fin de la música “clásica”. Así, en su reciente libro La civilización del espectáculo,Mario Vargas Llosa lamenta que la cultura es hoy “una forma de diversión para el gran público” o “un juego retórico, esotérico y oscurantista para grupúsculos vanidosos de académicos e intelectuales de espaldas al conjunto de la sociedad”. Vargas Llosa no discute aquí el amplio terreno que se despliega entre estos dos extremos y del que él mismo llega a nutrirse. Llevando esta división a la música, podríamos preguntarnos ¿por qué vilipendiar lo popular e ignorar la riqueza que proviene de las músicas “no clásicas”, de sus procesos de creación y trasmisión? Y respecto al oscurantismo, ¿por qué identificar lo “clásico” con lo “académico”?

A lo largo de la historia de la música, la interacción entre lo popular y lo clásico ha ayudado a que se introduzcan en la música de concierto nuevos foros, técnicas y formas de expresión. Hoy también se recuperan paradigmas que fueron paulatinamente eliminados por la obsesión del control absoluto que culmina en la primera mitad del siglo veinte. Por ejemplo, la improvisación, presente en la música hindustani, árabe, el jazz, el flamenco y en tantas otras culturas, paulatinamente desapareció de la música de concierto, pero hoy ha vuelto a ella. Asimismo, ¿por qué darle una connotación negativa a lo popular, o identificar el arte con lo ininteligible? El poeta norteamericano Gary Snyder nos recuerda que “al artista debería resultarle claro que la audiencia no le pertenece, sino que debe construirse” y que esta construcción “se realiza, en parte, dialogando con las condiciones de nuestros tiempos y no pensando en la posteridad”.

Si la música clásica va a reflejar los tiempos en que vivimos, también debe tomar en cuenta nuestro acceso excepcional a la música del pasado. Al ver la formación de grupos como el Silk Road Ensemble de Yo-yo Ma, y los grupos encabezados por Jordi Savall, vemos ampliaciones de la cultura musical en marcha. Finalmente, grupos como el Philip Glass Ensemble han ayudado a borrar la línea entre lo clásico, lo popular y lo tecnológico. Con frecuencia a la exploración de nuevos terrenos expresivos se le ve como no perteneciente al terreno propiamente musical, incluso superficial, a veces lo es pero, ejemplos como estos prueban que la profundización seguro llega después de un período de familiarización por parte de compositores, intérpretes y audiencias.