“No quiero oro, ni quiero plata, yo lo que quiero es romper la piñata” y “Dale, dale, dale no pierdas el tino” son algunos versos que como año con año se escucharán durante las próximas fiestas decembrinas, en especial durante los nueve días precedentes a la Nochebuena. Días en los que celebramos las tradicionales “Posadas”, las cuales concluyen la noche del 24 de diciembre en el momento en que “se acuesta al niño”.

No se sabe la fecha ni el lugar exacto donde se originó la tradición de romper la piñata, hay gente que dice que proviene de una antigua tradición mexica de golpear una vasija de barro durante las festividades que precedían a la fiesta de Huitzilopochtli, sin embargo, hoy se cree que lo mas probable es que haya surgido durante el siglo XVI, específicamente durante las labores de evangelización. En aquel entonces era común que durante el mes de diciembre se hicieran “escenificaciones” no solo del nacimiento de Cristo, sino también acerca de la obra y  la filosofía de la Iglesia Católica Romana. Uno de los temas mas populares durante esta primera etapa de la evangelización fue el triunfo de Cristo sobre el mal, lo cual se demostraba al colgar una vasija u olla de barro repleta de fruta como caña de azúcar, cacahuate, tejocote,  guayaba y mandarina, con el objetivo de que los indígenas, al romperla, obtuvieran todos estos frutos que representaban “la gracia de Dios”.

Con el tiempo esta tradición se volvió más compleja y mucho más simbólica. A la vasija se le decoró con coloridos papeles y telas provenientes de la Nao de China para que fuera más atractiva a la vista y se le comenzó a considerar una representación del demonio. El indígena ciego (vendado de los ojos) con nada más que su fe lo destruiría, para así poder obtener todas las bondades que representaba el estar dentro de la gracia de Dios.

Conforme pasó el tiempo la representación del demonio por medio de la vasija continuó volviéndose más simbólica, se le comenzaron a añadir siete picos que representaban los siete pecados capitales que tendría que vencer el fiel, antes de poder enfrentarse con el demonio.

La tradición se continuó modificando y se popularizó entre los niños, se le quitaron a la piñata dos picos haciendo que pareciera una estrella, símbolo muy popular dentro de las tradiciones de la natividad cristiana. Hoy en día la mayoría de las piñatas navideñas ya no están hechas con ollas de barro, sino con papel maché y son pocas las que en su interior aún poseen frutas de temporada en lugar de chocolates y caramelos.

En las posadas navideñas no puede faltar, después de romper la piñata, saborear un rico ponche caliente que se prepara con el mismo tipo de frutas que se utilizaron para rellenar la  vistosa piñata navideña.