Dr. Guillermo Romero Meléndez, profesor del Departamento de Actuaría Física y Matemáticas

guillermoa.romero@udlap.mx

Si alguien afirmara que es posible encontrar nuestro universo entre varias posibles simulaciones computacionales que evolucionan con el tiempo, sería considerado un loco o un genio. Quien lo afirma es Stephen Wolfram: publicó su primer artículo a los 15 años, titulado “El joven Einstein”; obtuvo su doctorado en Física a los 20 años; a los 21 ganó el premio para genios Mac Arthur; Sergey Brin, cofundador de Google, fue su becario; tiene como empleados a varios ganadores de la Medalla Fields (el Nobel para matemáticos); se imaginó la tableta computacional antes de Steve Jobs (su amigo). ¿Cuál es el proyecto que tiene en su mente Stephen Wolfram? Antes de responder a esta pregunta, veamos su trayectoria: en 1984 investigó sobre autómatas celulares (programas de evolución con reglas simples); en 1988 desarrolló el programa “Mathematica” que realiza casi cualquier tarea, ya sea una gráfica, ecuaciones, simular sistemas complejos o programar de manera más eficiente. En 2002 presentó su libro A New Kind of Science, sobre el descubrimiento de que a partir de reglas simples se puede simular el caos y el orden, y anunció que sus autómatas incluyen cualquier programa teórico (una premisa ya probada), y que la relatividad y la mecánica cuántica también están allí incluidas (sin probarse aún). En 2009 inventó Wolfram Alpha, una máquina computacional que calcula respuestas a cualquier pregunta de cualquier área; en 2010 dictó una conferencia TED, en la cual mostró imágenes de simulaciones computacionales de universos entre los cuales espera que alguno se parezca al nuestro: unos no tienen tiempo o no tienen materia, pero en otros se encuentra la relatividad y algo parecido a la mecánica cuántica. ¿Cuáles serán sus siguientes pasos? En educación, su proyecto es que los estudiantes utilicen la computadora para realizar la parte mecánica de sus actividades y concentren sus esfuerzos en desarrollar la creatividad, a través del diseño de algoritmos, en lugar de aplicación de fórmulas. Hace dos meses Estonia adoptó su proyecto en la enseñanza de la probabilidad y la estadística, pero hay mucha resistencia aún entre la comunidad científica a adoptar su visión. Su proyecto se enfoca, en sus palabras, a “hacer el mundo computable”,  ya que “la computación está destinada a ser la idea que defina nuestro futuro”. Tal vez en este caso ocurra algo parecido a la llegada de la mecánica cuántica: al preguntarle a Max Plank acerca de su estrategia para convencer a la comunidad de físicos de su nueva teoría, respondió que no los convenció, su teoría se estableció porque los que se oponían a ella se jubilaron y las nuevas generaciones llegaron con las nuevas ideas, incluida su teoría.