Alejandro Ortiz Lima

Por: Mtro. Alejandro Ortiz Lima, alejandro.ortiz@udlap.mx

Profesor de Tiempo Completo del Departamento de Diseño de Información UDLAP

 

El diseño moderno, particularmente el diseño de información, tiene uno de sus orígenes ideológicos en el racionalismo puro. En el siglo XVII, Descartes pregona el uso de las matemáticas y las ciencias exactas para explicar los «por qué» de las cosas. Se opone al empirismo y recurre al análisis minucioso, previo a la generación de un resultado. El diseño de información tiene mucho de racionalista, no necesariamente por usar las matemáticas (que en algunos casos sí se usan), sino por buscar explicaciones sencillas y procurar la eficacia comunicativa de los mensajes con el menor número de elementos posibles. Una depuración racional de lo sobresaturado, dejando lo esencial, lo práctico y funcional de cada situación. Una depuración de la exuberancia del barroco, del posmodernismo y de aquellas estéticas que están ahí para ornamentar, con un pie en las artes y con otro en el diseño. Hasta en una ecuación algebraica o en una fórmula de cálculo diferencial no existen componentes innecesarios.

Siguiendo esta analogía, en el diseño de información se estudian las variables de una problemática planteada en función del objetivo pretendido; procurando llegar al «límite cero», a la solución comunicativa óptima, aquella que no represente ambigüedad o confusión (en su defecto, la menor posible). Se trata de la búsqueda del significado más preciso de los mensajes. Entonces, se puede decir que en el diseño de información corre sangre racionalista.

Este concepto fue reinterpretado por Walter Gropius (1883-1969) en la escuela alemana de diseño, Bauhaus. Surgió de la fusión de la Academia de Bellas Artes con la Escuela de Artes y Oficios, ambas de Weimar, así como por el grupo De Stijl, apoyándose en las teorías funcionalistas de Durkheim, Malinowski y otros sociólogos de las primeras décadas del siglo XX. El funcionalismo, en términos de diseño, se basa en el enfoque utilitario de las acciones y productos, con el objetivo de procurar resolver el entorno inmediato de las personas. La arquitectura y el diseño industrial son dos campos que también comparten ampliamente estos paradigmas. La adaptación y la integración al contexto son dos premisas que todo diseñador debe observar en alguna parte del proceso que siga, pues el sujeto de estudio siempre será un ser humano entendido como ser social y cultural.

Décadas después, en la HfG de Ulm, también en Alemania, un grupo de profesores mezclaron ambos ingredientes (racionalismo y funcionalismo) en un novedoso cocktail que se denominó después infodesign. Fue entonces que surgió la necesitad de reenfocar los periscopios hacia nuevas tierras; el diseño moderno debería ser ahora funcional, racional y práctico, puesto a punto para resolver problemas reales y cotidianos de la comunicación entre los humanos.