Mtro Samuel Cortina

Por: Mtro. Samuel Cortina Arteaga, samuel.cortina@udlap.mx

Profesor del Departamento de Diseño de Información

Prácticamente todos aquellos que disfrutamos de la lectura, sentimos una especial atracción por un buen libro, y no solamente por su contenido. Apreciamos un buen encuadernado en pasta rígida, la impresión, las blancas páginas, el olor… incluso, el peso de estos ladrillos de papel nos hacen disfrutar de la lectura. Sin embargo, la experiencia de leer un libro está por cambiar para siempre.

En tanto que las nuevas tecnologías modifican la manera en que se distribuye la información, las interfaces físicas tradicionales están comenzando a desaparecer de manera continua e inexorable. Hace tiempo que nos despedimos de las cartas escritas, el correo electrónico ha vuelto obsoleta la romántica práctica de enviar correspondencia postal. Como lo hicimos con el audio casete y el LP, pronto diremos adiós al CD y al DVD. Sin embargo, ahora no habrá sustituto; cada vez más, la música y el video se distribuyen por medio de “la nube”, que no es más que un espacio virtual donde reside la información, esperando a ser accedida por medio de un dispositivo electrónico. Algo similar está sucediendo con los libros.

Es común encontrar prácticamente cualquier novela reciente en versión digital. Solo requerimos un dispositivo como el Kindle o el Nook para accederla. El siguiente paso es la transición de los contenidos formateados al espacio digital. Tabletas como el iPad nos permiten acceder a revistas, diarios, comics y demás contenidos multimodales.

¿Cuál es el futuro entonces para los contenidos impresos? ¿Significa esto que pronto desaparecerán las librerías y las bibliotecas? ¿Y las tiendas de discos, locales de renta de películas y videojuegos? Pronto, estos espacios deberán “adaptarse” y cambiar, para abrazar las nuevas formas de entrega de contenidos.

De igual manera, nosotros como consumidores de contenidos, tendremos que adaptarnos también. Lo primero será aceptar que lo que perdemos al remplazar el libro impreso por el digital es solo la experiencia de uso y que, de hecho, esta no se pierde, solo se modifica. Si bien ya no podremos recorrer nuestros dedos por el papel u oler la tinta del volumen empastado en cuero, podremos disfrutar ahora de nuevas experiencias. La posibilidad de aumentar el tamaño de letra del texto, cambiar la tipografía del libro completo por una que nos agrade más, marcar párrafos interesantes con solo deslizar nuestro dedo por el texto, buscar al instante la definición de palabras desconocidas, serán nuevas experiencias que modifiquen nuestra actividad lectora.

Las conocidas críticas contra la lectura en el medio digital: “me cansa la vista”, “se agota la batería”, “la pantalla refleja la luz”, pronto sonarán a pretextos generacionales. De cualquier manera, nuestra conciencia ecológica y las nuevas generaciones nos dicen clara y contundentemente que ya no hay marcha atrás.