El 1° de julio de 1940, con menos de 10 estudiantes, arrancaban las actividades del Mexico City College bajo el mando de los doctores Cain y Murray. Unos meses después del nacimiento del que sería antecedente de la Universidad de las Américas Puebla, el 7 de diciembre de 1941, el ataque a la base naval de Pearl Harbor, en Hawai, provocaría la entrada de EUA a la Segunda Guerra Mundial. Espejo de su presente, el 26 de noviembre de 1942 se estrenaba en Nueva York una de las más grandes leyendas del cine mundial: Casablanca.

Con esta cinta protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman arrancamos el ciclo Américas: 75 años de Capilla del Arte UDLAP, con el que daremos un vistazo a las ocho décadas que nuestra universidad ha estado presente en la vida de Puebla, México y el continente americano.

La primera función de este ciclo de Viernes de Cinexpectativas tendrá lugar este 23 de octubre a las 6:30 p.m., con entrada libre. A propósito de esta película, te compartimos la reseña de Fernando Turrent, estudiante de Literatura y prestador de servicio social de Capilla del Arte UDLAP (2 Norte 6, Centro de Puebla).

Por los viejos tiempos

“-¿No se pregunta alguna vez si vale la pena todo esto esto?

Me refiero a todo por lo que usted ha luchado.

-Podría también preguntarse por qué respiramos.

Si dejamos de respirar, moriremos.

Si dejamos de pelear contra nuestros enemigos,

el mundo morirá.”

En el año 1942, Humphrey Bogart e Ingrid Bergman inmortalizaron el romance entre guerras en una película que fue galardonada como mejor película en 1943 y que trascendería generaciones, trasladada a los diferentes formatos de video y reestrenada en el cine al lado de Gone with the Wind y Cinema Paradiso. Pero Casablanca es más que el reflejo del amor, la soledad y el abandono que sufre Rick por Ilsa; es la encarnación de la visión sobre la Segunda Guerra Mundial, ya que lo que se reflejaba en la pantalla describía la situación de la ciudad marroquí en la que los inmigrantes intentaban abandonar Europa para trasladarse a América con la esperanza de rehacer su vida.

La Segunda Guerra Mundial, conflicto que marcó a varias generaciones alemanas y que al mismo tiempo movió al mundo en contra de la nación germana, desató uno de los éxodos más grandes registrados en la historia, la búsqueda de la libertad y el anhelo de poder reintegrarse a una sociedad.

La ciudad de Casablanca es el punto en el que, a pesar de su llegada ilegal y clandestina, hombres y mujeres pueden intentar salir del infierno en el que se ha vuelto Europa. Al mismo tiempo lo paradójico dentro de la película es que sin importar el cómo esté la situación, los personajes se logran convencer dentro del amor que se tienen. La realidad presentada no es completamente ficcional, nos adentramos a una época en la que los prejuicios estaban a la orden del día y la traición era un juego de niños en comparación con lo que los nazis buscaban.

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Los pensamientos de los personajes siempre remiten a la nostalgia de las épocas pasadas. “Guardé ese vestido por la guerra: cuando los nazis dejen París, volveré a ponérmelo”, en este dialogo la figura de Ilsa muestra esa añoranza por el pasado y, por encima de todo, por los tiempos de paz. La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945 y la película había retratado el comienzo del cine que hablaba de este conflicto bélico que transformó el mapa y el estilo de vida mundial. A pesar de haber sido filmada tres años antes de que finalizara la guerra, Casablanca se convirtió en un recordatorio fiel de la pérdida de París, la migración europea y la nostalgia por el pasado que ya nunca regresaría después de tantos años de horror y devastación.

Casablanca vive del recuerdo de una época dorada, tanto para su realización como para el tiempo interno de la película, en el cual empezarán a tomar forma los relatos de la guerra, los mecanismos de supervivencia y, ante todo, la esperanza de que siempre nos quedará París: para los recuerdos, para los deseos y para brindar por los tiempos que vienen y por los que han pasado.

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