Dra. Elitania Leyva Rayón

Profesora de tiempo completo del Departamento de Economía

elitania.leyva@udlap.mx

Herbert A. Simon (1916-2001) fue un distinguido científico social, galardonado con el premio nobel de Economía en 1978. Entre sus principales aportaciones a las ciencias económicas se encuentra su «Teoría de la racionalidad limitada» (TRL), la cual plantea que las decisiones elegidas por los individuos son distintas a las decisiones que maximizan su beneficio. Esta teoría señala que, durante el proceso de toma de decisiones, los individuos no pueden alcanzar lo óptimo debido a que les es imposible comprobar todas las posibles alternativas, difieren en sus oportunidades disponibles y están influenciados por factores externos. Cuando un individuo debe tomar una decisión, influyen en él sus deseos y las posibilidades que considera tener, pero quizás no sea consciente de otras oportunidades que posee, o puede creer que tiene algunas que en realidad no tiene, por tanto, no se puede garantizar que elegirá su mejor opción.

La TRL analiza el entorno del decisor, sin acceso a información perfecta y condicionado por factores externos (trabajo, familia, ciudad, cultura); y el proceso mental de éste, que no tiene estructura perfecta de preferencias, ni capacidad completa de cálculo, y está influenciado por su experiencia, memoria, percepción y creencias. Sin embargo, cabe aclarar que esta teoría no asume al decisor como no racional, sino como uno que trata de ser racional con lo que tiene. El término racional es aplicable a decisiones que se realizan analíticamente consciente, mientras que el término irracional se refiere a aquellas que responden a lo emocional. Por lo anterior, Simon plantea que la psicología y la economía neoclásica tienen una visión distinta del proceso de decisión de los individuos, mientras que la psicología se enfoca en analizar la naturaleza de los elementos del proceso y cómo son establecidos o modificados por la experiencia de las personas; la economía neoclásica asume que los consumidores son racionales, actúan con preferencias inmutables y su proceso cognitivo se centra en la maximización de las utilidades.

Esta racionalidad perfecta indica que –en una situación de decisión– el análisis de la información es óptima, que los cálculos probabilísticos son mentalmente realizables sin dificultad y que finalmente se elige la mejor opción. No obstante, la TRL aclara que tal perfección no existe y que la información es analizada y sesgada siempre de forma imperfecta. Por ello, cuestiona el axioma de la economía neoclásica según el cual los individuos tienen una función de utilidad, conocen todas y cada una de sus alternativas de elección, poseen la capacidad mental para estimar la utilidad esperada de cada alternativa y, finalmente, eligen aquella que les permite maximizar su utilidad. De esta manera, la racionalidad perfecta es refutada por Simon, quien propone que cuando los individuos toman decisiones económicas no están optimizando (como indica la teoría neoclásica) sino que están satisfaciendo, por lo que los individuos deberían considerarse como satisfactores en lugar de maximizadores racionales.