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Por: Mtro. Juan Manuel Bada Dosal ,juanm.bada@udlap.mx

Profesor de Tiempo Completo del Departamento de Diseño de Información Visual

Nuestro día a día está lleno de objetos, actividades, situaciones y decisiones que tienen que ver con el diseño. Esta palabra que normalmente vemos materializada en los objetos de manera estética, significa mucho más y por eso tiene tanta injerencia en nuestra vida cotidiana. Iniciemos entonces de la siguiente manera: Diseño es una palabra tomada del italiano y en español la interpretamos como designio cuyo origen latino es designareque significa dar signo o sentido a algo. Partiendo de esta etimología, pero sobre todo de su uso práctico, el diseño es una actividad que debe generar experiencias en el ser humano para que mediante sus objetos (tangibles e intangibles), resuelvan de la manera más natural la necesidad, requerimiento o deseo que el usuario final desea solventar.

Mediante esta experiencia sencilla y clara, el diseño tiene que proveernos de un ambiente adecuado que no nos distraiga con preocupaciones sobre un objeto mal planteado, donde nos ocupemos realmente de enfocarnos en solucionar problemas críticos que requieran de toda nuestra atención y que garanticen nuestra integridad.

Un buen diseño aprende, se anticipa, prueba y adapta la solución para que no se repita el error, por eso vivimos y esperamos la última versión de “todo”, suponiendo que tendremos menos problemas y más funciones útiles. Pero, cuidado, el diseño hace que las cosas sean tan adaptables que a veces se convierten en artículos indispensables: muy frecuentemente es inadmisible existir sin ellos. Empezamos a quererlos, admirarlos y a asignarles valor; esta situación puede llegar a afectarnos y a aislarnos de nuestra relación con otros seres humanos, “son tan bellos, atractivos y me simplifican la vida que no puedo vivir sin ellos”.

Esta situación es parte también de lo cotidiano, y me lleva a dejarlos con una reflexión: este afán de hacerlo todo bien y darle sentido a nuestros días mediante el uso de los objetos bien diseñados tiene un gran riesgo, si perdemos la consciencia de que son sólo objetos y que son para usarse, pueden cobrar vida y hacernos dependientes de ellos, lo que nos lleva a la frustración. ¿Qué sucede hoy, que el diseño se empeña en hacer a los objetos tan indispensables y queridos, al punto de que “amamos” a los objetos y “usamos” a los humanos?