Catalina Barrientos

Por: Catalina Barrientos Pérez, catalina.barrientos@udlap.mx

Profesora del Departamento de Lenguas

Cuando escuchamos el término “culturas precolombinas americanas”, es común pensar en las grandes civilizaciones que se desarrollaron, ya sea en la zona andina (como los incas, los nazca, etc.); o bien, aquellas que surgieron en el territorio denominado “mesoamericano” (como los teotihuacanos, los mexicas, los mayas, los totonacos, etc.) Sin embargo, pocas veces nos damos cuenta que hubo civilizaciones que no solo se desarrollaron en esas áreas, sino también en otras partes del continente. Por ejemplo, la región oriente de Estados Unidos de América.

Se les denomina “culturas misisipianas” a aquellas que, tal como su nombre lo indica, habitaron en épocas precolombinas en la cuenca del río Mississippi. El cual baja desde la región de los grandes lagos, atraviesa Estados Unidos de norte a sur, hasta desembocar finalmente en el estado de Luisiana.

Al norte de dicho estado se encuentra el sitio arqueológico de Watson Brake, donde se pueden observar los antecedentes más antiguos de lo que se convertiría en la característica principal de estas culturas: la construcción de mounds. Es decir, grandes montículos de tierra hechos por el hombre que, en el caso de este sitio, datan del año 3400 a.C. ¡Doscientos años antes de que se diera en África el nacimiento de la cultura egipcia!

Entre los sitios verdaderamente impactantes, creados por estas culturas, se encuentra Serpent Mound, en el estado de Ohio que, aunque parezca poco impresionante, desde el aire se puede apreciar que se trata de un enorme montículo que traza la forma de una serpiente. Otro lugar es Cahokia, el cual ha sido denominado por los arqueólogos norteamericanos como “El Teotihuacán de Estados Unidos” debido a la extensión del sitio y al tamaño de su montículo más importante, llamado “El túmulo de los monjes”; de acuerdo a su volumen, este montículo es la tercera construcción precolombina más grande de todo el continente.

Asimismo, se cree que dichas civilizaciones pudieron haber compartido varios rasgos culturales con los pueblos de Mesoamérica; como el culto a la serpiente, su dieta basada en el maíz como alimento principal, la cosmovisión que dividía al universo en cuatro puntos cardinales, etc. Sin embargo, a diferencia de la situación de México, salvo quizás la crónica de Hernando de Soto, no existe registro de encuentro de estas culturas con la cultura occidental. Durante la expansión de Estados Unidos hacia el oeste, a principios del siglo XIX, las grandes ciudades de estas culturas ya se hallaban abandonadas.

A pesar de esta situación, resulta importante que, al querer comprender nuestra propia historia como habitantes del continente americano, estemos conscientes de la existencia de estas culturas y la influencia que pudieron haber tenido; tanto en nuestros antepasados precolombinos como en nosotros mismos.