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Por: Dr. Antonio Santos Moreno,antonio.santos@udlap.mx

Profesor de tiempo completo del Departamento de Ciencias de la Educación

La mera inyección de tecnología en el aula no mejora sustancialmente la calidad del aprendizaje de los alumnos. Esto sucede así porque, por ejemplo, cuando un profesor busca mejorar su exposición temática desplegando una pantalla frente a sus alumnos para ir presentando información relacionada con su discurso, lo que básicamente está haciendo es replicar su mismo método expositivo de enseñanza. No importa qué tan caro y sofisticado sea el equipo que use, el aprendizaje de sus alumnos no mejora porque lo está empleando como sustituto de su voz; es decir, como mero vehículo de información.

Hace años que la investigación educativa ha estado comparando el enseñar un contenido usando un medio, como la televisión o la computadora, sin el uso de ese medio. Sorprendentemente, no ha encontrado una diferencia significativa. La explicación es que el aprendizaje de los alumnos no es diferente entre los dos tratamientos porque, de hecho, en ambos se está usando el mismo método de enseñanza. Clark lo explicó diciendo que el medio tiene tanto impacto sobre el aprendizaje como lo tiene el camión que transporta comida sobre la nutrición.

Esto no quiere decir que la tecnología no puede ser usada para mejorar el aprendizaje humano; sino que si se emplea solo para replicar el método de enseñanza entonces ésta no tiene efecto significativo. En el caso descrito, el profesor está empleando un método unidireccional de exposición de información e integra la tecnología de la misma manera. Como está empleando un método de enseñanza basado en la creencia de que aprendizaje equivale a recibir pasivamente pedazos de información, entonces emplea la tecnología para transportar pedazos de contenido hacia el alumno.

Para integrar de una manera más innovadora la tecnología al aprendizaje, debemos movernos hacia una postura pedagógica con una creencia diferente. Por ejemplo, una donde se acepte que el conocimiento no se transporta, sino que se construye activamente por parte del alumno con la facilitación del profesor. Aquí, el papel de la tecnología cambia radicalmente, pues no se considera un mero vehículo de información, sino una parte integral del proceso. Es decir, como desde esta perspectiva el alumno no aprende recibiendo información, sino resolviendo problemas dentro de ambientes de aprendizaje llenos de recursos y simulando actividades de aprendizaje auténticas; entonces, la tecnología se integra a la actividad del alumno, sirviéndole más como un socio cognitivo que como una herramienta de información.