Dr. Iván Oropeza Pérez

Profesor de tiempo completo del Departamento de Arquitectura UDLAP

ivan.oropeza@udlap.mx

 

Las edificaciones son entes que consumen agua, energía y otros recursos con la finalidad de brindarnos un espacio seguro y cómodo para realizar nuestras actividades diarias. Así, se calcula que 25% del agua potable y 40% de la energía a nivel mundial son consumidas por edificios.

Sin embargo, este consumo no necesariamente tiene que conllevar un deterioro al medio ambiente. Por ejemplo, si un edificio genera su propia electricidad a través de la energía solar fotovoltaica, no habría necesidad de consumir la energía proveniente de la red eléctrica. También, con un sistema de recolección de agua de lluvia, una casa podría prescindir –sobre todo en los meses más lluviosos– de agua externa proveniente de la red de tubería. Si esto es aplicado a gran escala, los beneficios serían múltiples. En México, por ejemplo, existen aproximadamente 30 millones de casas-habitación, que consumen 54.6 TWh de energía eléctrica, 553 PJ de energía térmica y 8,300 millones de m3 de agua (todo esto en una estimación anual). Para satisfacer estas necesidades de energía y agua, el gobierno invierte miles de millones de pesos cada año en grandes plantas generadoras de energía eléctrica (incluyendo energías renovables), gasoductos, plantas tratadoras de agua, etcétera. Sin embargo, se le olvida invertir en el lugar más barato y fácil de implementar: los techos de los edificios. Los sistemas fotovoltaicos, calentadores de agua y recolectores de agua pluvial bien podrían ser instalados en los techos de los edificios (de las viviendas al menos) y ahorrar impresionantes cantidades de energía, recursos humanos y dinero.

 

En una estimación muy burda, se calcula que de instalarse en cada casa de México un módulo fotovoltaico de 3 kW, un calentador solar de 150 litros y un sistema de recolección de 1000 litros, se ahorraría el total del consumo eléctrico residencial (con una sobreproducción de 162 TWh en total), 26.65 TJ de energía térmica y 1,552 mil millones de m3 de agua al año. Estas cifras no son nada despreciables considerando que el gobierno tiene altos gastos tan inverosímiles como el mantenimiento del sistema obsoleto Cutzamala para llevar agua a la Ciudad de México, o la compra de gas natural a Perú, entre otros países, para ser quemado en las plantas termoeléctricas.

 

Como un último beneficio, para la generación eléctrica, si se suman también las pérdidas producidas en la red nacional de transmisión eléctrica, el bien es mayor, ya que al generarse la electricidad en el mismo sitio donde es consumida, las pérdidas pueden ser despreciadas.