Dr. Alejandro Arias Del Razo

Profesor de tiempo completo del Departamento de Ciencias Químico-Biológicas

alejandro.arias@udlap.mx

La conservación de los ecosistemas y la economía podrían parecer áreas muy dispares, aunque si se analiza con cuidado podemos apreciar que están íntimamente relacionadas: la explotación de los recursos naturales obedece a una demanda de mercado y los daños ocasionados al medio ambiente tienen repercusiones económicas negativas.

Cuando destruimos un ecosistema, por ejemplo, un bosque de pino, perdemos también los servicios ambientales que nos brinda y estos no siempre se asocian con pérdidas económicas inmediatas. Sin embargo, el método de reemplazo nos ayuda a conocer: ¿Cuánto nos cuesta reemplazar a estos servicios ambientales? Por ejemplo, los bosques de pino ayudan a: capturar el agua de lluvia, aumentan la humedad del ambiente, la retención de agua en el subsuelo que, a su vez, ayuda a recargar mantos acuíferos, proveen leña y madera, además de ser el hogar de otras especies de las que dependemos directa o indirectamente. Si talamos este bosque y, en consecuencia, perdemos sus servicios, las personas que viven en las cercanías pierden sustento económico (leña, madera, productos del bosque), fuentes de alimento (frutas, hongos, carne de caza), perdida de suelo por erosión y de humedad en el ambiente, además se reduce la recarga de los mantos acuíferos en la región (reducción en la provisión y acceso a agua). Para conocer cuál sería el costo de talar este bosque, podríamos estimar cuánto costaría transportar agua de un lugar distante para satisfacer las demandas domésticas y agrícolas de la región. Esto sería el costo de perder sólo uno de los muchos servicios ambientales que nos brindan los bosques.

Uno de los grandes problemas es que quienes ocasionan el perjuicio no suelen pagar los costos de reparación del daño. Una empresa que descarga residuos tóxicos en el río Atoyac no paga el costo de contaminar un afluente de agua, ni los daños a la salud de los pobladores o incluso la pérdida de un espacio de esparcimiento. Esto también lo podemos aplicar a uno de los mayores retos ambientales que enfrentamos, el cambio climático. Todos generamos emisiones de gases de efecto invernadero con nuestras actividades diarias como: usar el automóvil, prender un foco, consumir productos que provienen de lugares lejanos, etcétera; y no pagamos el costo de reparar el daño que estamos ocasionando.

El premio Nobel de economía 2018 fue para el Dr. William D. Nordhaus por su trabajo sobre la mitigación del cambio climático a través del análisis macroeconómico. El Dr. Nordhaus plantea que debe existir un impuesto sobre las actividades que generen gases de efecto invernadero, a fin de crear incentivos económicos para efectuar el cambio tecnológico necesario para detener los gigantescos niveles de emisiones que hay actualmente. Un ejemplo, los vehículos eléctricos siguen representando una pequeña fracción del mercado por su alto costo. Un impuesto a vehículos de combustión ayudaría a acelerar la implementación de vehículos eléctricos.