Dra. Astrid Helena Petzold Rodríguez

Coordinadora académica de la Licenciatura en Arquitectura

astrid.petzold@udlap.mx

 

El próximo año se cumplirán veinte años de la Declaratoria de la Ciudad Universitaria de Caracas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, obra del arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva (1900-1975). Fue el primer campus universitario en América Latina en recibir este reconocimiento.

El proyecto de la Ciudad Universitaria de Caracas, Venezuela, podría considerarse como un conjunto de paisajes a distintas escalas: territorio, ciudad y edificio, todas ellas continuamente transformadas por el sujeto para el cual fueron proyectadas. Es así como, los espacios públicos de la Ciudad Universitaria, son transformados por el individuo, la naturaleza y la arquitectura, en la medida en que el andar y la arquitectura tienen en común la transformación simbólica del territorio.

El plan maestro para la Ciudad Universitaria de Caracas fue elaborado y modificado por Carlos Raúl Villanueva en varias oportunidades (1944-1970), siendo su constante transformación reflejo de un continuo repensar la ciudad y el rol del edificio en ésta, teniendo siempre presente el lugar y su clima.

Debido a este incesante cuestionamiento, Villanueva adquiere la capacidad para anticipar los cambios urbanos, lo que le permitió proyectar un modelo urbano con visos de modernidad, pero contemporáneo por la maestría que supone el entender el vacío como «espacio nómada», al ser la movilidad una condición contemporánea. Esto requirió –por su parte– una redefinición de los grandes arquetipos de la forma urbana (calle, plaza, manzana, jardín) que a lo largo de todo el conjunto universitario se hayan materializados sin perder sus valores primarios.

Asimismo, la implantación de los edificios dentro del espacio de la universidad, puede leerse como arbitraria, pero no las relaciones que éstos logran con su entorno; se transforman de objetos aislados en objetos que sólo existen dentro del conjunto de la Ciudad Universitaria. Es dentro de este conjunto que tienen sentido y lugar en el espacio urbano para el cual fueron creados, pero sin dejar de asumir su responsabilidad territorial.

Al concebir esta nueva urbanidad, Villanueva logró establecer nuevos límites que permiten responder a la falta de espacios urbanos identificables dentro de la ciudad. Límites que generan una continuidad urbana, pero con su propio ritmo interior. Son lugares más que edificaciones, un continuo espacial diseñado en relación con un individuo en movimiento, en donde el interior y el exterior están constantemente desvaneciendo sus límites.

Villanueva llegó a constituir una ciudad inscrita dentro de unos límites cuya naturaleza es tan flexible y cambiante como la naturaleza misma de la ciudad donde se encuentra emplazada, razón por la cual, la relación entre ambas seguirá existiendo en la medida en que éstas perduren.

Tal vez sea este tipo de urbanismo sea el que deba primar en las nuevas concepciones urbanas de la ciudad: límites indefinidos entre la delgada línea de la inclusión y la exclusión, donde los espacios vacíos que configuran la ciudad sean concebidos y transformados como lo hizo Villanueva en la Ciudad Universitaria, otorgándoles una espacialidad urbana tropicalizada.