Dra. Elitania Leyva Rayón

Profesora de tiempo completo del Departamento de Economía

elitania.leyva@udlap.mx

El libro Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones de Adam Smith (1776) es considerado como el inicio de la economía clásica. En él se diferencia entre dos sistemas decisorios de los agentes económicos: uno afectivo (ligado a las pasiones y a los sentimientos más primitivos) y otro deliberativo (un sistema calculador que controla al primero).

En contraste, la economía neoclásica (Alfred Marshall, Leon Walras, Irving Fisher, V. Pareto) supone que los agentes económicos actúan de manera racional optimizando su utilidad como consumidores y su eficiencia como productores, lo que indica la existencia de un solo sistema decisorio en el cerebro: el deliberativo.

Por tanto, a diferencia del modelo clásico, en el modelo neoclásico los agentes económicos tienen un solo centro decisorio como supuesto para explicar su conducta económica. Actualmente, la Neuroeconomía ha retomado la existencia de los dos sistemas decisorios. Menciona que el cerebro está formado por tres subsistemas que interaccionan permanentemente: reptiliano, límbico y neocórtex.

El sistema reptiliano controla la conducta automática o programada (alejarnos del fuego), el límbico las emociones y sentimientos, mientras que el neocórtex se ocupa de las funciones cerebrales superiores (procesamiento de la información). Al respecto, los neuroeconomistas argumentan que el sistema afectivo se encuentra en la parte límbica, es decir, la parte más primitiva de la etapa evolutiva, mientras que el sistema deliberativo se encuentra en el neocórtex, desarrollado en la etapa más reciente del proceso evolutivo.

El sistema afectivo se relaciona con las emociones que influyen en el comportamiento (de manera inconsciente) en conjunto con un componente biológico (miedo, hambre, ansiedad) o con un componente social (empatía, rencor, aversión); mientras que el sistema deliberativo procesa lo que percibe el primero, dado que están ligados a través de conexiones nerviosas en el cerebro. El deliberativo ejerce cierto control sobre el afectivo, ya que dispone de voluntad para evitar la conducta que se seguiría si sólo existiera el afectivo.

Por otro lado, los estímulos físicos, sociales o ambientales afectan a ambos sistemas, así que en función de la evaluación que ambos sistemas lleven a cabo se definirá la conducta a seguir. Así, dado que ambos sistemas comparten la regulación del comportamiento, la conducta totalmente racional no es la que predomina en las decisiones económicas.

De esta manera el sistema afectivo (al verse envuelto en emociones) influye en las motivaciones que llevan a los individuos a actuar o proceder de un modo u otro, ya sea en un entorno social (confianza, gratitud, injusticia) o en repuesta a un factor biológico (deseo sexual, frío, vergüenza). Finalmente, la distinción freudiana entre el id y el ego también se puede visualizar en esta diferenciación, ya que –de acuerdo con la teoría del psicoanálisis– el primero está relacionado con el inconsciente (sistema afectivo) y el segundo con el sistema cognitivo (sistema deliberativo).