Dra. Elitania Leyva Rayón

Profesora de tiempo completo del Departamento de Economía

elitania.leyva@udlap.mx

Phineas Gage era un obrero de 25 años que sufrió un terrible accidente – en 1848– cuando trabajaba en la construcción de vías ferroviarias en Vermont, EE. UU. Gage intentaba compactar pólvora en una cavidad con una barra de metal cuando –por un error en el procedimiento– saltó una chispa, provocando una explosión que ocasionó que la barra de metal (de un metro de longitud y tres centímetros de diámetro) le atravesara el cráneo por completo. Sin embargo, contrario a lo esperado, volvió en sí mismo unos minutos después con un agujero en diagonal en la cabeza (desde la mejilla hasta la parte superior de la cabeza). Lo extraordinario del caso no fue sólo que sobrevivió al accidente, sino que también fue capaz de recobrar la mayor parte de sus habilidades mentales. El caso de Phineas Gage fue publicado en 1994 en la prestigiosa revista Science por los neurocientíficos Antonio y Hanna Damásio, T. Grabowski, R. Frank, y A. Galaburda. Se trata de unos de los casos más importantes en las neurociencias debido al sorprendente cambio en el comportamiento de Gage, ya que antes del accidente era un hombre con inteligencia promedio, mesurado, cordial y socialmente adaptado, pero después del accidente se volvió insolente, desvergonzado, obsceno e impúdico, para los médicos de la época fue muy difícil de explicar este cambio de personalidad.

El Dr. J. M. Harlow fue el médico que lo trató cuando ocurrió el accidente y quien documentó el caso. El Dr. Harlow quedó impresionado cuando Gage entró a su consulta de manera consciente con un agujero en la cabeza, pero lo que más le sorprendió fue que se recuperó sólo unos pocos meses después, sus funciones cerebrales parecían haberse recuperado (a pesar de la ausencia de una parte de sus lóbulos frontales) y su inteligencia no había disminuido. No obstante, cuando Gage regresó al trabajo parecía ser otra persona, se había vuelto muy irritable, impaciente, grosero y con muy mal genio, parecía que no sentía empatía por los demás. Sin embargo, unos cuantos años después empezó a sufrir ataques epilépticos hasta su muerte, en 1860.

Dadas las consecuencias de su accidente, el caso de Gage es muy relevante para la comunidad neurocientífica. Gracias a los avances tecnológicos se recreó la trayectoria de la barra de metal para explicar qué fue lo que ocurrió en su cerebro. Entre los principales hallazgos, el accidente provocó que una gran parte de sus lóbulos frontales dejaran de existir, las zonas dañadas fueron aquellas que conectan el sistema límbico (respuestas fisiológicas y emocionales) con la corteza prefrontal (comportamiento cognitivo), es decir, la barra de metal dañó las zonas que vinculan la racionalidad con las reacciones emocionales. Cabe destacar que en el sistema límbico se encuentra la amígdala, zona clave para el procesamiento de emociones como la empatía. Unos años después de la muerte de Gage, el Dr. Harlow solicitó permiso a la hermana para exhumar los restos y recuperar el cráneo. Tras varias conferencias sobre el caso, el Dr. Harlow finalmente depositó el cráneo y la barra de metal en el Museo de la Facultad de Medicina de Harvard, en donde continúan hasta el día de hoy.