Ray Eliot

Por: Mtro. Ray Eliot Schwartz, ray.schwartz@udlap.mx

Catedrático del Departamento de Artes

En las artes, los soñadores encuentran tierra fértil. En particular, la danza nos recuerda que sin los soñadores del cuerpo, fácilmente podemos perder el alma de la mente.

A pesar de que la danza se basa en la estética, el movimiento y la expresión; en su esencia, trata sobre el ser humano. Dentro del estudio de la danza negociamos la habilidad física con el lenguaje artístico pero, sobre todo, negociamos con una comunidad de humanos que co-existen en un ambiente dedicado a alcanzar metas comunes a través de una práctica creativa.

La danza nos pide que nos observemos, que veamos a través del lente del cuerpo y que examinemos nuestras mejores y nuestras peores tendencias. Nos pide que aprendamos a ver quiénes creíamos que éramos y quiénes queremos ser. Cuando abrimos esta forma de ser a un diálogo con nosotros mismos, descubrimos que hay mucho más en la danza que sólo formas bonitas en el cuerpo y en el diseño espacial.

La práctica de la danza es una práctica de pensamiento creativo y crítico. Nos permite reflexionar en otros aspectos de la vida que van más allá de la lucha por una retribución económica. Dentro de sus dobleces performativos se encuentran muchos valores que cada vez son más escasos y valiosos. Cuando la gente se une para compartir la danza, se celebra una de las pocas actividades culturales en las que el cuerpo viviente triunfa por encima de cualquier esfuerzo de ser representado a través de la tecnología.

La naturaleza efímera de la danza nos permite abrazar la belleza fugaz y apreciar el regalo del movimiento y del momento. Nos recuerda que nuestra vida es breve y nuestro potencial es grande.

En la danza, o al menos en la danza digna de su historia, cosas suceden antes de que se revele al mundo. Al igual que cualquier maravilla de la tecnología, cualquier elegante ecuación matemática, descubrimiento científico u objeto hecho a mano; en la danza hay investigación y desarrollo, prueba y error. Existe el riesgo, ya que en las artes, como cualquier actividad que vale la pena, se requiere un salto de la imaginación y, a veces, un gran fracaso con el fin de prosperar. La disciplina, el entrenamiento, la formación, el perfeccionamiento y la persistencia son nuestros compañeros en este viaje. Están ahí, detrás de cada gesto y entre cada respiración.

La danza es más que sólo lo que se ve en el escenario. Es la conjunción de sus efectos performativos: inspiración creativa, arduo trabajo, sentido de comunidad, expresión corporal, estímulos de reflexión y llamados a la acción. Cuando todo lo anterior sucede en la alquimia correcta algo trascendente ocurre. La vida brilla y resplandece, se adueña de nuestros corazones. Los sueños se encienden y lo inefable acaricia los bordes de nuestra experiencia. ray.schwartz@udlap.mx

© Ray Eliot Schwartz, 2012