Por: Andrés Ramos
Decano del Departamento de Ciencias de la UDLAP
Email: andres.ramos@udlap.mx

El pasado 20 de diciembre fue aprobada por la Cámara de Diputados la reforma educativa, enviada al Senado y a los congresos locales para su discusión. El 6 de febrero  de 2013 la Cámara de Diputados emitió la declaratoria de la reforma constitucional en materia educativa una vez avalada por 23 congresos locales. La pregunta que nos hacemos quienes tenemos alguna responsabilidad en el ambiente educativo ¿Esto es lo que nuestro país necesita?

En nuestro país se continúan construyendo escuelas, pero no nos hemos preocupado por la calidad educativa. Sin calidad no hay equidad social, porque la ignorancia y la pobreza  se autoalimentan permanentemente.

Por ello el término reforma educativa considero que no es el adecuado, porque reformismo es cambiar algo y lo que necesitamos hoy es una revolución educativa que sacuda todo, con objetivos e ideas transformadoras radicales que terminen con la inercia educativa, administrativa y sindical, pero que no responda a intereses de organismos internacionales como el FMI o el BM, sino a necesidades nacionales para ser globalmente competitivos.

Para una verdadera revolución educativa es necesario presentar objetivos con metodología científica a la formación, teniendo un marco ético de comportamiento y paralelamente logrando la capacitación de nuestros profesores después de un examen de diagnóstico que nos indique cuales son nuestras limitaciones pedagógicas, académicas y tecnológicas.

La realidad educativa de nuestro país es muy concreta, las estadísticas indican que la población de 15 años o más tiene en promedio 8.6 años de escolaridad. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) refiere que la tasa de deserción en él ciclo escolar 2009-2010 en primaria fue de 0.8%, en secundaria de 6%, en media  superior de 14.9%, y  aquellos que logran realizar estudios universitarios lo hacen con  grandes  deficiencias. 10 millones de personas es la población entre los 18 a 23 años, pero de ese grupo solo 2.2 millones estudian. La pregunta es donde están 7.8 millones que deberían acudir a las aulas universitarias.

Hemos esbozado algunos de los factores que nos llevan a la necesidad urgente de una revolución educativa que proporcione un conjunto de competencias en nuestros estudiantes generadas por educadores capacitados.

Con ésta revolución alcanzaríamos cualidades como: respeto, responsabilidad, honestidad, generosidad, puntualidad, bienestar, ingenio, creatividad, autoestima, enfrentar retos, eliminar la desidia, conservar el medio ambiente y trabajo en equipo que resultan fundamentales para transformar a nuestro país. El gobierno tiene en la ley secundaria la última oportunidad