Dra. Ingrid Kirschning Albers

Por: Dra. Ingrid Kirschning Albers, ingrid.kirschning@udlap.mx

Directora de Educación a Distancia UDLAP

 

Queridos lectores, en esta ocasión les voy a platicar sobre la educación a distancia, o educación por Internet. Esta área de la enseñanza es temida, aplaudida, cuestionada,  pero sea como sea, no se le puede ignorar, está en todos lados.

Pero, ¿qué es? La educación a distancia no es algo nuevo, es el proceso de enseñanza-aprendizaje que se lleva a cabo sin que el facilitador o maestro y el estudiante se encuentren en el mismo lugar. Hay quienes dicen que el origen de este concepto se remonta al siglo XVIII con un anuncio publicado el 20 de marzo de 1728 por la Gaceta de Boston, que ofrecía un curso de taquigrafía por correspondencia. Otros arguyen que cualquier documento publicado con el fin de instruir, es un instrumento para “educar a distancia”, y en ese caso, incluso las epístolas de la Biblia, caen en esta definición.

Sin embargo, uno de los objetivos de estudiar a distancia es poder obtener un reconocimiento que avala la obtención de una competencia o conocimiento sin tener que acudir a un salón de clase. En otras palabras, el fin no sólo es aprender algo, sino que al terminar el curso se pueda obtener un título o crédito con una validez oficial.

Las universidades “abiertas” existen desde hace muchos años, y utilizaban el correo como el medio para enviar y recibir materiales de trabajo. Ahora, esto se hace por medio de la Internet, junto con un cúmulo de herramientas que hacen el proceso más ágil, amigable, flexible, seguro y accesible.

¿Quiénes apoyan esta forma de enseñanza? Todos los que queremos seguir formándonos para adquirir un nuevo grado o para terminar uno, pero tenemos  actividades (trabajo o familia) que nos impiden comprometernos a un horario fijo de clases (más el tiempo de traslado). ¿A quiénes no les gusta la educación a distancia? A todos los que no quieren cambiar su forma de enseñar, que no les gusta o que se les complica mucho el uso de la tecnología, o que simplemente no se les da; pues para tomar un curso por Internet uno cuenta con mucha flexibilidad para organizar su tiempo para elaborar las tareas, leer, contestar cuestionarios, etc. Para estudiar a distancia se requiere de bastante autodisciplina y responsabilidad, pues no está aquel maestro “con el chicotito” parado detrás, presto para disciplinar a cualquiera que no esté poniendo atención.

Hoy en día hay muchas instituciones que ofrecen cursos a distancia: diplomados, licenciaturas o posgrados, pero debemos analizar con cuidado cuáles ofrecen calidad y validez oficial, respaldadas por instituciones con experiencia en la enseñanza. Porque cualquiera puede montar una página de Internet, pero no todos saben cómo hacer que el estudiante desarrolle las competencias a distancia, ni dan un certificado que sea válido y reconocido a nivel nacional e internacional.