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Es una época llena de felicidad, celebraciones y sensación de triunfo. Has concluido la primera parte de tu formación académica profesional y no podrías estar más alegre, orgulloso y seamos sinceros, impaciente por dejar la universidad para ver qué te depara la vida profesional.

Después de celebrar junto a tus seres queridos, es hora de reflexionar acerca de lo que has dejado atrás en la universidad y lo que ésta te enseñó para continuar con la siguiente etapa.

Acerca de este paso en tu vida, escribimos algunas recomendaciones acerca de cómo afrontar esta nueva etapa:

Todos los días se aprende algo nuevo. Lo que aprendiste en la universidad son los fundamentos de la carrera de tu elección; sólo eso. No son verdades absolutas que no cambiarán conforme cambia el entorno, ni es lo único que necesitas saber para ser un profesional con éxito en su campo.

El aprendizaje de tu carrera apenas comienza y no hay nada mejor que aprender mientras haces lo que te gusta y te pagan por ello 😉

Tu actitud es muy importante. En gran parte. Las cualidades extra que puedas aportar a tu equipo de trabajo son muy valoradas hoy en día. Siempre trata a los demás como te gustaría que te traten, así, estar contigo no será un martirio, especialmente cuando tengan que trabajar hasta altas horas de la noche terminando proyectos y trabajos urgentes.

No eres tan sabio como crees. Aún si lo eres. Nos referimos a que aún te falta mucho por aprender, y aunque fueras el mejor de tu clase y te tomaras muy enserio el trabajo extra curricular, no lo sabes todo.

No actúes como si fuera así, pues podrías perderte de un gran bagaje de conocimiento que en un futuro será de gran valor para ti si te falta humildad para reconocer lo que no sabes.

Las impresiones son importantes. Esto es así aunque nos parezca injusto; especialmente en el mundo laboral. Para poder encajar en él, es necesario recordar que estamos creando impresiones en las personas en todo momento, pues es difícil y hasta imposible, cambiarlas una vez formadas. Es aconsejable pensar qué impresión quieres dar para poder ser coherente con tus acciones.

Haz lo que sea necesario. No hablamos de términos maquiavélicos sino a los requerimientos de tu trabajo, maestría o cualquier actividad que hayas emprendido después de graduarte. Haz lo que esta actividad requiera, desde lo más difícil hasta lo que podría parecer trivial, de lo contrario, es posible que te topes con la situación en la que te faltó hacer algo; lo que no se verá bien para ti.

Recuerda que el esfuerzo y el trabajo duro al final traen sus recompensas. Tu éxito, en la mayoría de los casos, será proporcional a la medida de tu esfuerzo; al final, tu esfuerzo, disciplina y trabajo serán casi o más importantes que tu talento nato. Esfuérzate por obtener una sólida ética laboral para que te ayude en tu camino al éxito.

Escucha. Esto siempre es importante, y la verdad sea dicha, muchos olvidamos hacerlo con atención. Gran parte de las respuestas que necesitamos podemos obtenerlas si escuchamos o leemos con atención; hacerlo a medias sólo nos dará resultados a medias y una gran pena cuando nos demos cuenta que estamos preguntando o faltando en algo que ya nos han dicho.

Escuchar nos lleva a aprender y a un mayor entendimiento de lo que se nos dice; aunque no estemos de acuerdo con lo dicho. Escucha con atención para no perderte de nada 😉

Haz siempre tu tarea. En la universidad podía parecer que no cumplir con algún trabajo o tarea no traería graves consecuencias, especialmente si tus cálculos eran tan perfectos que ya sabías que te podías dar el lujo de desperdiciar unos cuantos puntos. En la vida después de la universidad esto no pasa con frecuencia, la tarea asignada que dejes de hacer podría ser la que anule todo el buen trabajo a los ojos de otros, pues puede parecer que no eres digno de confianza.

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La excelencia no es cuestión de magia. No existen los atajos, al menos al aprender. El aprendizaje, el verdadero aprendizaje, no conoce atajos, pues si nos saltamos algunos conocimientos, especialmente sucesivos, puede ser que los fundamentos de nuestro aprendizaje se tambaleen.

Esto no cambia después de la universidad; es necesario realizar los procesos con sus pasos completos y en el orden necesario para poder perfeccionar la tarea.

Reconoce tus debilidades. Nadie es mejor que nadie, simplemente somos diferentes y reconocer estas diferencias y aprender a sacar provecho de ellas es lo que nos da ventajas. Conocer tus debilidades es esencial para localizar un área de mejora y utilizar tus recursos de una forma que te permita utilizar tus fortalezas a tu favor y mejorar en los aspectos que sean necesarios.

Los amigos son importantes. No sólo como apoyo emocional, sino en el mundo laboral. A quién conoces y quién te conozca puede ser la diferencia en muchas situaciones posteriores a tu educación académica. No queremos decir que veas a tus amigos sólo en función de qué es lo que podrían hacer por ti en el futuro, sin embargo, es bueno tomarlos en cuenta si sabemos que podrían ayudarnos dándonos una guía.

Sé tú mismo. Sabemos que vivir en sociedad trae consigo acatar ciertas normas para poder convivir en el entorno sin grandes dificultades, sin embargo, el poder de la autenticidad es muy grande y el fingir algo que no eres tarde o temprano te cobrará la factura; pues se vuelve tedioso, agotador y te trae consecuencias como la pérdida del respeto de los demás.

Aprende de los errores. Como seres humanos, errar es natural e incluso común. No te desanimes por un error; reconócelo, abórdalo y haz lo posible por aprender a no volver a cometerlo. Los errores son parte del día a día, el cómo se manejan es lo que en realidad cuenta para dar a conocer tu carácter.

Arriésgate. No queremos decir que te animes a hacer deportes extremos sin equipo de protección o que decidas apostar todo tu patrimonio en un juego de azar, pero sí que aproveches las oportunidades mientras te son ofrecidas; después podría ser muy tarde.  Muchos de los famosos modelos a seguir de la humanidad llegaron al éxito corriendo un par de riesgos; analiza la situación, aventúrate y no tengas miedo.

Siempre dedica tiempo a lo realmente importante. Si esta fuera la segunda oportunidad de vivir tu vida, ¿cómo lo harías? Responde a esta pregunta y haz lo que más quieras hacer con quien más quieras hacerlo; claro está, sin invadir la libertad de los demás 😉

Todo se reduce a una elección. O varias. Lo que queremos decir con esto es que lo único que puedes controlar en la vida son tus elecciones; tú decides el tipo de persona que deseas ser, amable, respetuoso, ético, puntual…

Confía en ti mismo. Cuando hagas lo correcto para ti y los tuyos te sentirás bien. Si te sientes incómodo haciendo lago es mejor que no lo hagas, pues a la larga podría ser perjudicial para tu salud física o mental. Tú tienes la experiencia necesaria en tu vida para decidir lo que más te conviene. Si haces lo que te gusta; lo que amas, lo demás vendrá solo.

Todo cambia. Como te comentamos anteriormente, las cosas no permanecen iguales por mucho tiempo; por ello, si lo deseas y realizas las acciones necesarias para ello, podrás cambiar algunas cosas.

¿Deseas hacer una diferencia en el mundo? Hazla, no esperes que los demás la hagan por ti, por más pequeña que sea. No esperes un resultado diferente haciendo lo mismo.

Comprométete. No es necesario que te prives de todo lo que te gusta en la vida, sin embargo, las mejores cosas y las permanentes, toman tiempo y trabajo, para ello, deberás dejar de lado algunas cosas como hobbies y gustos para poder hacer espacio a estos nuevos retos. Aprende a priorizar y comprométete con lo más importante.

Hasta aquí nuestros consejos ¿qué te pareciero? Sin duda, todos ellos pueden encontrar un espacio en tu vida diaria si los adaptas a tus necesidades; recuerda siempre tomar en cuenta tu experiencia y compartirla con los demás.

En los comentarios de abajo, por ejemplo 😉