Dr. Felipe de Jesús Bello Gómez
Director académico  del Departamento de Banca e Inversiones UDLAP
felipe.bello@udlap.mx

¿Cómo es que una compañía puede valer miles de millones de dólares, cuando en realidad no ha obtenido más que pérdidas? Por ejemplo, durante las ya más de dos décadas de existencia, Amazon apenas ha obtenido beneficios durante los últimos tres trimestres. Ello, sin embargo, no ha sido obstáculo para que actualmente, su valor de mercado supere los 490,000 millones de dólares, lo que le convierte en la cuarta compañía más valiosa del mundo, sólo superada por Apple (780,000 millones), Alphabet (680,000 millones) y Microsoft (570,000 millones). En contraste, la compañía hoy en día más valiosa del mundo que no se dedica a la «nueva economía», Berkshire Hathaway, el conglomerado financiero industrial de Warren Buffett, el cual, durante el último medio siglo no ha hecho otra cosa que crecer y crecer de forma sostenida, con base a los ingentes flujos de efectivo que genera año con año (tan solo el año pasado, generó un flujo de efectivo libre de casi 20,000 millones), apenas alcanza el quinto lugar con una capitalización de mercado de «apenas» 420,000 millones de dólares; cifra muy superior al valor de mercado de ExxonMobil (340,000 millones), el gigante petrolero que otrora fuera la empresa más grande del mundo.

Aswath Damodaran, el prestigiadísimo profesor de valuación de empresas de la Stern Business School de la Universidad de Nueva York, ha publicado recientemente Narrative and Numbers (Columbia University Press, 2017) en el que, a partir de una nutrida serie de casos como los ya  comentados, nos muestra la enorme influencia que puede tener en la valuación de empresas una buena narrativa, aun a costa de los modelos cuantitativos convencionales, como la valuación por descuento de flujos de efectivo libre.

Para Damodaran, la importancia de una buena narrativa para la valuación de empresas radica en que la forma más adecuada para persuadir a aquellos inversionistas se caracteriza por una forma de razonar más intuitiva y menos reflexiva, como es característico del Sistema 1 popularizado por Daniel Kahneman (Pensar Rápido, Pensar Despacio; Debate, 2012), el afamado psicólogo ganador del Premio Nobel de Economía 2002.

Pero, entonces, ¿cómo podemos saber si como inversionistas somos más adeptos a las narrativas que a los números?

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