Dr. Felipe de Jesús Bello Gómez
Director académico  del Departamento de Banca e Inversiones UDLAP
felipe.bello@udlap.mx

Actualmente, contamos con una amplia literatura que soporta la existencia de dos tipos de procesos cognitivos: los lentos y reflexivos, y los rápidos e intuitivos, mismos que han sido identificados por Stanovich y West (2000) [1], respectivamente como el Sistema 2 y el Sistema 1.

Cuando acudimos a modelos cuantitivos, para tomar nuestras decisiones de inversión, en realidad activamos nuestro segundo sistema cognitivo, porque nos esforzamos cognitivamente para deliberar sus pros y contras, al tiempo que reflexionamos sobre los argumentos en los que se soportan nuestros cálculos. Por el contrario, cuando tomamos nuestras decisiones de inversión de forma más intuitiva, basándonos en alguna narrativa que nos explique de forma simple, aunque no tan convincente, las razones de que una empresa como Amazon pueda valer en el mercado lo que vale, en realidad apelamos a nuestro primer sistema cognitivo, lo cual requiere de un esfuerzo cognitivo mucho menor.

¿Cómo podemos saber, entonces, si como inversionistas somos más propensos a utilizar un tipo de proceso cognitivo u otro y, por lo tanto, a ser más fáciles de persuadir con una buena narrativa que con un modelo cuantitativo más riguroso? Shane Frederick (2005)[2], de la Escuela de Administración de la Universidad de Yale, ha propuesto un test muy simple, consistente en resolver una serie de problemas como el siguiente:

Dispongo de dos acciones que, en conjunto, tienen un valor de mercado de $9,900 pesos. Si una de ellas vale $9,000 pesos más que la otra, ¿cuánto vale esta última?

Si usted considera que debe valer $900 pesos, sea bienvenido al club de quienes, para bien o para mal, nos dejamos convencer más por una buena narrativa, que por muchos modelos cuantitativos. Finalmente, como en su tiempo dejara en claro John Maynard Keynes, el legendario economista britanico: «hay quienes preferimos estar vagamente en lo correcto, y quienes prefieren estar precisamente equivocados».

[1] Stanovich, K.E., y West, R.F. (2000). Individual Differences in Reasoning: Implications for the Rationality Debate. Behavioral and Brain Sciences, 23:5, 645-726.

[2] Frederick, S. (2005). Cognitive Reflection and Decision Making. Journal of Economic Perspectives, 19:4, 25-42.