Dra. Elitania Leyva Rayón

Profesora de tiempo completo del Departamento de Economía

elitania.leyva@udlap.mx

La teoría económica supone que los individuos toman decisiones que maximizan su utilidad, es decir, que actúan racionalmente. No obstante, hay evidencia empírica que señala que estos se desvían de su conducta óptima y de su supuesta racionalidad cuando toman decisiones financieras. En este sentido, existe un juego relevante para el mundo financiero llamado «El juego de la confianza», el cual ha arrojado evidencia al respecto. En este juego hay dos participantes, el «inversor», quien tiene una asignación presupuestal, y el «gestor», quien recibe una parte del presupuesto del inversor y tiene la capacidad de multiplicarlo sin esfuerzo alguno. El gestor puede decidir devolver al inversor una fracción de los recursos multiplicados o quedarse con todo. El comportamiento que maximizaría los ingresos del gestor (si el juego no se repite, hay total anonimato y no existen castigos) es devolver nada al inversor. Sin embargo, los resultados generales del juego (llevado a cabo en varios países) muestran que el gestor hace recíproca la confianza que el inversor depositó en él, ya que le devuelve una parte considerable del dinero que se multiplicó. Las neurofinanzas ampliaron este juego mediante la introducción de una dosis intranasal de oxitocina (hormona que tiene un rol central en comportamientos sociales, como apareamiento, cuidado maternal y vínculos emocionales). Cuando se les da una dosis a los inversores, éstos transfieren con mayor probabilidad toda la asignación presupuestal al gestor. Pero los gestores en el grupo placebo y los gestores en el grupo de oxitocina no difieren en lo que devuelven a los inversores, es decir, la oxitocina no altera el comportamiento de reciprocidad del gestor, sólo la del inversor. El motivo de esta asimetría en el efecto de la oxitocina puede estar en los roles diferenciados que tienen ambos jugadores, ya que el inversor es el que debe romper con cualquier barrera social de desconfianza inicial, mientras que el gestor condiciona su respuesta a la magnitud de confianza depositada en él, por tanto, si se le da poco, devuelve poco y viceversa. Si la clave de este juego es la confianza, entonces ¿cómo funciona el cerebro cuando se genera confianza? Al respecto, las neurofinanzas buscan avanzar en el estudio de los mercados financieros mediante la identificación de factores fisiológicos que impactan a la negociación. Para ello, utilizan imágenes de la actividad cerebral que son capturadas a partir de técnicas neurocientíficas, para poder examinar cómo funciona el cerebro y tratar de establecer un modelo de toma de decisiones que logre explicar diferentes comportamientos económicos. El juego de la confianza es interesante por la relación inversor-gestor que aparece, ya que los gestores no son tan egoístas como se esperaría de acuerdo al supuesto de racionalidad.  Gracias a los avances recientes en neurociencia, es posible medir la actividad cerebral y explorar los mecanismos nerviosos y psicológicos que actúan durante el comportamiento financiero. Dado que las emociones son funciones biológicas del sistema nervioso que influyen en la toma de decisiones de los inversores, es importante analizar su representación en el cerebro para entender mejor el funcionamiento de los mercados y el comportamiento negociador de sus participantes.