Dra. Elitania Leyva Rayón

Profesora de tiempo completo del Departamento de Economía

elitania.leyva@udlap.mx

Los sentimientos de justicia de los individuos pueden servir como guía en su proceso de toma de decisiones económicas. En economía experimental, estos sentimientos se pueden ver reflejados en los resultados de un juego llamado el «Juego del ultimátum». En este juego participan dos jugadores. Al jugador A se le da una cantidad de dinero, mientras que al jugador B no se le da dinero, en seguida se le dice al jugador A que debe ofrecerle una parte del dinero al jugador B. El jugador B tiene dos opciones, aceptar o rechazar la oferta del jugador A. Si la rechaza, entonces ambos se irán con las manos vacías. De acuerdo con el modelo neoclásico, el supuesto de racionalidad supone que las personas son maximizadoras de su riqueza, por tanto, B aceptaría cualquier cantidad de dinero que A le ofreciera, ya que un peso se prefiere sobre cero pesos.

Sin embargo, los resultados generales de este juego –llevado a cabo en varios países– difieren del resultado predeterminado. Resulta que, si A le ofrece a B menos del 20% del dinero, en la mayoría de los casos B rechaza la oferta y ninguno recibe dinero, es decir, B prefiere castigar a A por considerarlo injusto, aunque ello implique su propia pérdida de recursos. De esta manera, es indudable que las emociones cobran un papel importante en la toma de decisiones económicas y, por ello, la conducta de los agentes económicos excede al supuesto de racionalidad del modelo neoclásico.

Conocer a mayor profundidad la funcionalidad neuronal durante el desarrollo del juego podría ser de ayuda en la explicación de la conducta económica de los individuos. En este sentido, al analizar la actividad cerebral de estos jugadores, la neuroeconomía ha determinado que el rechazo de una oferta baja está asociado con niveles altos de actividad en el cuerpo estriado, la parte del cerebro que la neurociencia relaciona con la recompensa y el castigo.

También ha encontrado evidencia de que los jugadores que rechazan ofertas bajas presentan altos niveles de activación en la ínsula, región cerebral asociada con el disgusto. Además, ha descubierto que jugadores con altos niveles de testosterona rechazan ofertas bajas con el fin de penalizar al jugador que intenta abusar de su poder, así como evitar ser visto como un sujeto explotable. Estos jugadores con altos niveles de testosterona también son menos generosos y tienen menor tendencia a la confianza.

Por otro lado, si el sentido de injusticia es la razón para rechazar bajas ofertas de dinero, entonces la empatía podría explicar la generosidad de los jugadores. En esta línea, la neuroeconomía emplea técnicas neurocientíficas para manipular los niveles de empatía, como el uso de dosis intranasales de oxitocina, hormona que se relaciona con los niveles de confianza y la empatía de las personas. Mediante esta técnica, los neuroeconomistas han observado que los jugadores que reciben una dosis de oxitocina ofrecen cantidades de dinero 80% superiores que quienes no la reciben. Por lo anterior, hay evidencia de que las técnicas de neurociencia permiten a los economistas comprender mejor cómo funciona el cerebro y los tipos de estímulos que se reciben durante la toma de decisiones económicas.