Expresiones UDLAP

Bildungsroman y la cuarta ola del feminismo

Dra. Dainzú López de Lara E.

Profesora de tiempo completo del Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política

dainzu.lopezdelara@udlap.mx

 

Después del encargo del taller de escritura crítica Avispero, me di a la tarea de investigar el término bildungsroman; al buscarlo en internet apareció la traducción: «novela de aprendizaje». En ese instante pensé en Mujercitas y en una larga lista de libros que leí en la adolescencia, que podría decir que me marcaron. Cuando leí Crimen y castigo (1866), de Dostoyevski, los libros de Edgar Allan Poe y Horacio Quiroga, o los de Herman Hesse, mejoré mi gusto literario. Recordar mis bildungsroman me hace traer a la mesa una pregunta que me hice al inicio de la licenciatura de Ciencias Políticas, y que tratamos cada semana en el seminario que coordino (Educación y Feminismos): en esta configuración binaria del género, ¿dónde están las mujeres?, ¿dónde están sus voces, nuestras voces, de esa mitad de la humanidad? Son alrededor del 70% de la matrícula total en la UDLAP, 70% de la matrícula de la licenciatura en la que enseño (Relaciones Internacionales), y somos el 51% de la humanidad.

Reflexionemos sobre lo que nos inculcan desde pequeños: el amor romántico, la heteronorma, la monogamia, la idea de que el cuerpo de las mujeres les pertenece a los hombres, o que los héroes, filósofos y líderes son hombres; por ejemplo, en Robinson Crusoe, Viaje al centro de la tierra, El libro de la selva, etc., y ni hablar de Los gritos del silencio de un innombrable. Hoy la pregunta es: ¿y qué les toca hacer a los hombres? (Monge, 2019).

Desde que empecé a estudiar Ciencia Política, lo único que me encontraba eran estudios sobre el hombre y su obra. Cuando una vez osé preguntarme ¿y las mujeres?, me dio desasosiego, porque la pregunta implicaba replantearme ¡todo!; todo lo que había aprendido hasta ese momento. Mi deconstrucción inició de forma amorosa cuando me convertí en mamá trabajadora hace seis años. Me di cuenta de que, para la década de los noventa, no tenía los medios para responder a esa pregunta. En mi círculo nunca nos planteamos la desigualdad entre hombres y mujeres; pensábamos que no era tema, porque gozábamos de un privilegio, y no veíamos que tantas otras no. En la Universidad Iberoamericana no se hablaba de esto (hoy es diferente); nunca escuché a un sólo profesor o profesora (tuve muy pocas) hablar del feminismo, y si lo encontraba en los libros, era siempre el último capítulo: un apéndice, una costilla… Podemos decir que en esa época nos encontrábamos en el valle de la «tercera ola», viviendo un tremendo revés feminista, iniciado en la década de los ochenta, donde las mujeres y la sociedad en general fueron manipuladas por la cultura popular, los medios y el gobierno de Reagan. Que existan retrocesos es una constante en el movimiento feminista. Ahora no es la excepción.

 

 

 

 

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