DR Juan Carlos Reyes

Por: Dr. Juan Carlos Reyes, juan.reyes@udlap.mx

Profesor de tiempo completo del Departamento de Ciencias de la Comunicación

El cine ha recorrido un largo camino en lo que se refiere a la legitimación y posterior teorización de su figura autoral. Se sabe que uno de los principales paradigmas de la teoría cinematográfica del siglo XX fue la postura autoral; una aproximación al cine que, desde un gesto catalogado por algunos como debatiblemente perverso y autoritario, privilegió a la figura singular del director como autor. Fue durante la década de 1960 que el cine entró con paso firme a la academia como un objeto de estudio válido, y fue la discusión sobre la autoría lo que hizo eso posible. A pesar de ello, es importante anotar que cerca de 25 años antes, el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York fundó, en 1935, la Film Librarylogrando con ello uno de los primeros pasos institucionales para que el cine fuera considerado un arte digno de análisis.

Una vez que el cine logró su ingreso a la academia, su estudio se desarrolló en los departamentos de universitarios de literatura, seguramente porque el término ofrecía relaciones metodológicas con la figura del autor literario. Esta figura autoral ha sufrido conflictos con los derechos de autor; los mecanismos industriales a los que el cine está inevitablemente sometido; diversas escuelas de pensamiento que han cuestionado la existencia; o hasta declarado la muerte del autor, y actualmente, con los dispositivos digitales que, más que nunca, cuestionan la existencia de un autor/director único e indiscutible.

Si bien el concepto de autoría, junto con la metodología de análisis derivada del mismo, funcionó en un principio como pieza fundacional de los Film Studies; también es cierto que, conforme avanzó la tecnología digital, y algunas preconcepciones sobre el cine de autor y el cine como industria colapsaron, el término se ha tenido que replantear. Sería complicado seguir empleando el término de “autor” derivado en parte de la noción romántica de autor literario para realizar análisis sobre cintas cuya noción de autor, colaboración, prácticas y agencia han sido modificadas por las mediaciones de la digitalización, ya que sin duda sus efectos en el cine contemporáneo van más allá de los efectos digitales, los proyectores de alta definición, o si el “nuevo cine de atracciones” tiene pretensiones artísticas. Las mediaciones de la digitalización han modificado no solo cómo se hace cine sino su carácter epistémico. El que la posición del autor se enfrente a un momento de necesaria reconsideración plantea graves modificaciones sobre lo colaborativo, pero también es inevitable repensar las relaciones económicas, institucionales y políticas que esto trae consigo. Me parece entonces, que el autor cinematográfico actual –si es que se quiere o necesita seguir utilizando ese término– es colaborativo, múltiple y, en algunos casos, hasta institucionalizado.