Dra. Sonia Gisella Aguirre Narváez

Jefa de Departamento Académico – Diseño de Información

Sonia-webEn México, los medios de comunicación masivos impresos no desaparecerán en por lo menos dos o quizá hasta tres décadas. Y es que la evolución de las revistas pero principalmente de los periódicos en este país, es una de las mejores exponentes de la adaptabilidad hacia la competencia directa, el mercado, el desarrollo tecnológico de otras plataformas mediáticas y las necesidades del usuario. Incluso, esta adaptación va más allá de la tecnología. Se centra en que los grandes propietarios del mercado impreso de México entendieron a la perfección la esencia de esta plataforma, comprendieron que el usuario tiene ahora nuevos requerimientos y necesidades y, sobre todo, que más que competir con otros medios masivos electrónicos, los pueden complementar y principalmente legitimar.

A la afirmación de que los impresos se mantendrán por muchos más tiempo se le puede adjuntar la revisión histórica de la aparición de otras plataformas que, en su momento y equivocadamente, auguraron el exterminio de las publicaciones. Así, en 1920 cuando las primeras radiodifusoras hicieron su aparición en el mundo, se habló del fin de los libros y periódicos. Nada pasó.

Para la década de los años cuarenta, la televisión en Estados Unidos ya había permitido la creación de empresas dedicadas a esta naciente industria. En México pasaron diez años más para que se institucionalizaran los primeros canales de televisión. Para 1960 la llegada de la televisión a colores prometía, equivocadamente, que los impresos estaría fuera del mercado a la brevedad. Nada de eso ocurrió.

En la década de los 80´s nacía la Internet y las publicaciones sufrieron su momento más endeble. Sin embargo, a más de 30 años, los impresos están ahí.

¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Por qué tan anunciada muerte se ha pospuesto década con década? ¿Cómo es que los impresos han logrado sobrevivir? Todo se resume en dos palabras: evolución y adaptación.

Así, en la historia reciente, uno de los primeros pasos de la adaptación de los impresos –específicamente de los periódicos– en México, inició a principio de la década de los años noventa, con la aparición del innovador y creativo concepto del periódico Reforma. Con un diseño pensado en cautivar a los lectores, el diario logró reivindicar a la plataforma impresa, al tiempo de despertar a El Universal y Excélsior que se resistían por el uso del color en sus páginas. A partir de este acontecimiento, los medios de comunicación impresos iniciaron una nueva batalla con sus iguales.

No obstante, lo más importante estaba por ocurrir. Los impresos entendieron que ya no eran un solo producto. Comprendieron que el usuario no estaba dispuesto a pagar por un medio que solo le ofreciera un único concepto, sino varios subproductos a los que hasta antes se les conocía como secciones.

Fue así que los periódicos impresos desarrollaron estrategias particulares para cada uno de sus subproductos. La idea es que cada parte integrante del medio tuviera una personalidad que encontrara un público que se identificara con la línea editorial, el diseño y los contenidos, al grado de lograr lo más complicado: la lealtad de los lectores. Sin embargo, la revolución no paró ahí. Los impresos no solo se concentraron en informar y entretener, sino que recordaron la importancia de la utilidad y la interacción con los usuarios.

De esta forma, antes de preocuparse por ganar la noticia, se enfocaron en que la información pudiera tener un sentido de utilidad para el usuario. Reorientaron sus estrategias de contenido con el propósito de que cada material incluido en una edición llevara implícito un sentido de utilidad para el lector.

Recordaron la importancia de la interacción con el usuario (ya no bajo el esquema de un crucigrama), ahora la estrategia se enfocó en que diseño y contenidos obligaran al usuario a desarrollar acciones de participación. Piezas coleccionables, materiales seriados y diseños interactivos, entre otros, se convirtieron en fundamentales de cada edición. Y es posible afirmar que en la actualmente las publicaciones editoriales tiene el firme objetivo de informar, entretener, ser de utilidad y generar la interacción con el usuario.

La mencionada fórmula les ha permitido rejuvenecer, mantenerse vigentes ante el desarrollo tecnológico del resto de las plataforma mediáticas, intensificar la competencia interna y despertar el interés de los anunciantes. Prueba de ello es el incremento sostenido que registran los ingresos por concepto de publicidad en los impresos desde principios de esta década.

Sin duda los cambios en los costos de impresión, la distribución, la evolución de la publicidad, el aumento de las plataformas digitales de lectura y el acceso a la tecnología son algunos de los motivos que llevarán a la extinción de los productos editoriales impresos. El futurólogo Ross Dawson predijo en 2010 la extinción de los periódicos impresos, afirmando que esto ocurrirá cuando del total de sus ingresos, menos del 2.5% sea por venta de publicidad. Para México la fecha probable es el año 2033.