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Por: Mtro. Francisco Calleja

Profesor de tiempo completo del Departamento de Finanzas y Contaduría de la UDLAP.

Los cambios que la tecnología ha generado en la vida diaria afectan el aula pero influyen –también– en los contenidos o, mejor dicho, en lo que esperamos que el alumno aprenda al final de un proceso de intervención educativa.

Los matemáticos siguen llenando los pizarrones con fórmulas en cada una de sus sesiones de clase, pero habría que preguntarse si sus alumnos aprenden.

En el caso concreto de la contabilidad tenemos que adaptarnos a las circunstancias actuales, parece correcto que los alumnos aprendan, por ejemplo, a hacer balances y entreguen como ejercicios de clase o tareas balances hechos en papel o en hojas de Excel, pero no debemos perder de vista que casi ningún profesional actual, incluidos los contadores mismos, tendrán físicamente que hacer un balance en su ejercicio profesional, ya que los paquetes contables los hacen automáticamente.

Debemos enfatizar el entendimiento de la clasificación del balance, qué cuentas corresponden al activo y cuáles al pasivo, qué cuentas deben ir en activo circulante y cuáles en activo no circulante. Esto se debe a que el programador del paquete recurrirá al contador para conocer esto y que el usuario bien informado debe solicitar al contador que modifique el catálogo que su paquete contable trae de origen si no lo considera adecuado para su empresa.

No importa, por ejemplo, enseñar la hoja de trabajo, que casi nadie hace en las empresas actuales, sino explicar a fondo qué es un ajuste, por qué debe realizarse y registrarlo como un asiento más al final del periodo contable.

Los profesores de cualquier materia –y los de contabilidad no somos una excepción– hemos desarrollado una serie de ideas pretendidamente didácticas que debemos desechar en función de lo que la realidad está demandando y de esa pregunta constante de los alumnos ¿y esto para qué sirve? Creo que es hora de darnos cuenta de que los alumnos, las personas en general, no quieren aprender algo inútil. Ha sido muy fácil la escapatoria de los matemáticos, de que su ciencia es formativa, pero no lo es en igual grado para todos los profesionales. No pongo en duda que un actuario o un ingeniero necesiten una formación matemática de un grado alto, pero no se ha sabido vender a los profesionales de las áreas administrativas que necesitan realmente de matemáticas.

La contabilidad no debe cometer el mismo error, tenemos un enorme público entre las diversas carreras del área administrativa que deben ser convencidas de la bondad de la contabilidad con hechos concretos, con ejemplos específicos y con ejercicios que demuestren su utilidad. Estos alumnos, por ejemplo, deben aprender costos, pero no por los costos en sí, sino por su utilidad para determinar precio de ventas y porque en épocas de crisis, como la actual, todos los directivos quieren reducir costos, más vale que entiendan bien lo que es el costo, porque de no ser así querrán reducirlo a costa de elementos que no deberían tocarse.

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