Dra. Elitania Leyva Rayón

Profesora de tiempo completo del Departamento de Economía

elitania.leyva@udlap.mx

 

Los estudios sobre neurotransmisores permiten conocer su influencia en la toma de decisiones de los individuos. La neurociencia es las encargada de llevar a cabo estos estudios con el objetivo de explicar cómo funcionan los neurotransmisores durante los procesos psíquicos. Entre las principales conclusiones, se destaca que conforme envejecemos algunos neurotransmisores son producidos en menor cantidad, dicha disminución se ve reflejada en la concepción de los riesgos y las recompensas (no es de extrañar que los adultos mayores sean más adversos al riesgo que los jóvenes). De manera que la influencia de los neurotransmisores en la toma de decisiones se encuentra en continua adaptación dependiendo de la edad, género, genética y experiencia de vida.

Uno de los neurotransmisores más analizado es la oxitocina, hormona relacionada a las conductas afectivas, sexuales y maternales, de la cual se ha comprobado su influencia en los procesos de enamoramiento y alumbramiento. También se asocia al afecto, cariño y sentido del tacto, debido a que cuando las personas se tocan (contactos físicos como abrazos, besos, caricias e incluso apretones de manos) se eleva el nivel de oxitocina de manera importante pero sólo si es seguido de una intención de confianza. El nivel de oxitocina también aumenta cuando se recibe dinero, ya que esto refleja una intención de confianza o de reciprocidad en la confianza. En este sentido, en el fenómeno neurobiológico conocido como «amor», la oxitocina cobra un papel fundamental debido a que se trata de un proceso relacionado con la confianza, además puede mejorar el humor y reducir la depresión. En conductas sexuales relacionadas con el placer también existe una importante señalización de recompensa que incrementa el nivel de oxitocina, reduciendo la eficiencia de los individuos en su toma de decisiones emocionales, afectivas, económicas, temerarias, etc.

Por otro lado, la oxitocina se puede producir de forma sintética y colocarse en aerosoles o perfumes, siendo las mujeres las más susceptibles a ella. Con base en lo anterior ¿los economistas debemos seguir estudiando la toma de decisiones sólo a partir de los axiomas establecidos por la teoría económica? Es decir, ¿sin examinar el funcionamiento del cerebro o el efecto de los neurotransmisores en la conducta de los individuos? ¿El funcionamiento del cerebro es un tema exclusivo de las neurociencias? Sin importar las respuestas, es un hecho que la economía ha recibido aportaciones de la neurociencia en los últimos treinta años, y a partir de éstas ha surgido una nueva rama de las ciencias económicas llamada «Neuroeconomía», que trata de vincular partes del cerebro con la conducta económica de las personas. Se trata un intercambio de conocimientos entre la neurociencia y la economía, donde los conceptos y las herramientas de la primera han dado un impulso a la economía experimental, que apoyándose en las técnicas de neuro-imagen dan la posibilidad de realizar un análisis más profundo de la relación entre la toma de decisiones económicas y las áreas activas en el cerebro. Aunque no podemos concluir si la neuroeconomía modificará (o no) a la teoría económica, es innegable que pone en entredicho la forma en la que actualmente se concibe a la economía.