Dra. María Emilia Ismael Simental

Profesora de Tiempo Completo del Departamento de Letras, Humanidades e Historia del Arte.

humanidades-blogEn los últimos años la contracción e incluso desaparición generalizada de los departamentos de Humanidades en las universidades occidentales, aunado a un notable declive en su matrícula, han reanimado el debate sobre la crisis de las humanidades. A decir verdad, las humanidades siempre han estado en crisis: su conformación y organización se ha dado históricamente en respuesta a crisis sociales, económicas, políticas, y culturales, en la medida en la que participan críticamente en estas transformaciones. El momento que enfrenta esta área de conocimiento ahora no es la excepción. Es necesario entonces no polemizar acerca de la “crisis de las humanidades” sino del momento que esta actual crisis de las humanidades revela.

  En 1990 el académico británico Stuart Hall publicó el artículo “El surgimiento de los Estudios Culturales y la crisis de las Humanidades”, donde analizaba un momento delicado en el que las humanidades se presentaban como un campo de conocimiento homogéneo, disciplinado y aparentemente desinteresado más que respondiendo críticamente a las transformaciones de la era Thatcherista. Es decir, se acomodaban al giro económico y cultural neoliberal que comenzaba a reorganizar a las instituciones universitarias en el Reino Unido. La crisis estaba pues en cómo la fricción y el desencuentro con que las tecnologías sociales bajo las que la liberalización de los mercados operaba, vaciaba a la institución universitaria como lugar de interrogación de los cambios sociales contemporáneos.

 La “crisis de las humanidades” así nos habla no sólo de un área en específico sino de la crisis de la universidad como lugar de producción  de conocimiento y la redefinición de su papel en la sociedad dentro de una economía postindustrial y liberalizada. La organización del conocimiento en torno a una lógica de utilidad para la producción material, aprovechamiento de recursos y acumulación de capital reconfigura a la institución universitaria como una tecnología de entrenamiento social donde los sujetos ya no interrogan su propia constitución y actuar sino ceden al criterio productivo. La actual crisis de las humanidades no está tanto en que no han podido responder a las demandas sociales y de mercado contemporáneas sino en tratar demasiado en probarse útiles como herramientas de lectoescritura al estilo del Trivium medieval o como metodologías de evaluación y estandarización del entrenamiento universitario a través de programas de pensamiento crítico. Las humanidades no generan conocimiento útil, en términos de la cosmovisión neoliberal de crecimiento económico, y es precisamente eso lo que las hace aun más relevantes, porque nos permiten interpelar el cómo nos insertamos y participamos en los proyectos históricos, económicos, y políticos globales a través de cuestionamientos históricos, éticos y sociales . Las humanidades están en crisis ahora porque responden a las crisis socioculturales que han devenido de una trayectoria económica postfordista voraz.

 El momento por el que pasan las humanidades es crítico, no sólo para el campo en particular sino para todos en el ámbito universitario, en cuanto nos confronta con la pregunta: ¿quiénes somos? Otro académico británico que recientemente visitó nuestro campus, Gary Hall, nos pregunta ante estos retos, “¿cómo queremos que sea la universidad?” Con una Escuela de Artes y Humanidades y espacios de divulgación como este blog, parece que en nuestra institución no nos conformamos con adaptarnos a las demandas profesionalizantes de la economía contemporánea sino que apostamos por una universidad como lugar de debate donde se cuestionan, proponen y articulan intereses éticos y sociales alternativos. Las humanidades están en crisis, es decir, siguen vigentes.